No sé a dónde ir |
Con esa frase me saludaba hace unos días un hombre hecho y derecho totalmente doblado y redoblado por el alcohol. Un ser humano que se ... retorcía sobre sí mismo en su interior, más que el sacacorchos con el que abre las botellas que le llevan a arrastrarse y revolcarse en su angustia, dolor, miedos, soledades y desprecios propios y ajenos.
Él es uno de tantos, una de esas personas que trata de salir a flote ahogando su vida en un mar de cerveza o de cualquier otra bebida que le permita dejar de sentir y le ayude a soñar con una realidad que nunca llegará, salvo que cambie de actitud. Este hombre no sabe dónde ir y, lo que es peor, no sabe para qué ir ni tiene con quién ir. Se ve envuelto en brazos de «esa amante inoportuna que se llama soledad», como dice Joaquín Sabina en una de sus canciones.
Me vienen a la mente los versos de Lope de Vega: «A mis soledades voy, de mis soledades vengo. Porque para andar conmigo me bastan mis........