menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El tropezón de Su Majestad

6 0
24.03.2026

Comenta

Compartir

Con motivo de la investidura como doctor Honoris Causa del presidente italiano Sergio Mattarella, se acercó por aquí el pasado jueves el rey Felipe VI, ... al que vimos saludar sonriente en su paseo por la zona histórica pero también darse un aparatoso tropezón con una baldosa rebelde, desnivelada, y tal vez republicana en la plaza de Anaya, como pueden ustedes comprobar en un vídeo compartido en la red social X por Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio de Salamanca.

Debemos congratularnos de que su majestad, a pesar del tropezón, no se estampara contra el suelo y se rompiera la cabeza, como a más de un salmantino le ha ocurrido en esta ciudad extraordinariamente hermosa y rica en patrimonio pero también manifiestamente abandonada en el cuidado del mismo con todo lo que eso significa de menosprecio hacia nuestro legado más universal y también con todos los peligros que eso trae tanto para la plebe como para las más altas instancias del Estado.

Gracias a que el rey Felipe VI disfruta de un porte más juvenil, lozano y atlético que su padre el rey emérito, por ejemplo, supo mantener muy bien el equilibrio y hoy no estamos lamentando una desgracia que podría haber puesto a nuestra ciudad en el disparadero mundial expuesta al odio de los más afectos monárquicos y dejando en la más absoluta vergüenza a todas nuestras autoridades tan listos para presumir de la riqueza y la belleza de nuestro patrimonio pero tan negligentes y pasotas a la hora de algo tan básico como mantener bien acondicionado y transitable el suelo por donde la gente respetable se desplaza ajena al riesgo que pueda suponer una nefasta caída.

Me crucé el jueves con su majestad por la Rúa y noté que aunque caminaba sonriendo a la gente que le saludaba, tampoco despegaba demasiado la vista del suelo, comprensiblemente atento al pavimento irregular que nos gastamos en esta ciudad aparentemente inofensiva y hermosa pero también tan peligrosa como una mujer fatal. Y lo mismo me pareció que hacía el séquito de escoltas, tras comprobar que las amenazas más serias para la integridad de las personas a veces no provienen de dónde le enseñaron en la academia sino que yacen escondidas tras la desidia y la desgana de los hombres en asuntos tan aparentemente nimios como una baldosita floja.

Ojalá el incidente sirva para que nuestras autoridades, casi todas monárquicas por cierto, se vayan poniendo las pilas en esta cuestión.

Límite de sesiones alcanzadas

El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.

Por favor, inténtalo pasados unos minutos.

Volver a intentar

Sesión cerrada

Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.

Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.

Iniciar sesión

Más información

Este contenido es exclusivo para registrados

¿Ya estás registrado/a? Inicia sesión

Reporta un error


© Gaceta de Salamanca