Retablos en la iglesia de «La Vega»

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El retablo del lado del evangelio representa la Resurrección o la Ascensión del Señor y el que se encuentra en el lado de la epístola ... es el que vamos a detallar.

Don Manuel Gómez-Moreno y Martínez, que visitó Salamanca entre 1901 y 1903, nos dice: «En lo alto de la nave meridional de la iglesia fórmase un retablo todo de piedra, hecho hacia el mismo tiempo que ella, con arco abocinado, lleno de talla y artesones y en su fondo un altorrelieve figurando, casi en tamaño natural, al Señor muerto en brazos de María y las santas mujeres y varones rodeándoles, obra de gusto italiano muy estimable, por lo que se hacen más lastimosos sus grandes deterioros. Recuerda el retablo de Fuente Guinaldo, que atribuyo a Mitata... En la posterior renovación de la iglesia, hoy adjunta a un asilo, desapareció este retablo, al menos de su primitivo lugar».

El hecho del Descendimiento de la Cruz es narrado por los cuatro evangelistas, pero, curiosamente, ninguno de ellos cita a la Virgen como integrante del grupo de personas que procedieron a la realización de tan piadosa ceremonia. La única referencia, próxima en el tiempo, es la que hace Juan (19, 25-27) cuando dice: «Estaban en pie junto a la cruz de Jesús su madre, María de Cleofás, hermana de su madre y María Magdalena». El grupo está ejecutado en piedra sin policromar y se encontraba tan deteriorado y con tantas mutilaciones que había que colegir quienes fueran los integrantes ya que las cabezas de la Virgen, San Juan y la figura del primer término a la derecha habían desaparecido y la imagen del fondo, también a la derecha, por las vestiduras parecía mujer, pero el rostro muy deteriorado hacía creer se tratara de un varón.

El Cristo, longuilíneo y menos retorcido, se muestra inerte, tiene el rostro más de perfil y la cabeza se presenta inclinada profundamente sobre el pecho, la frente despejada, nariz con mutilaciones, barba finamente rizada, melena abundante de estudiados rizos que caen sobre la espalda y hombro izquierdo, brazo derecho fino de exagerada rectitud, con los dedos de la mano ligeramente flexionados, torso corpulento ligeramente abombado sin apenas señalamiento de costillas, llaga poco señalada en el costado, piernas no muy gruesas la izquierda sobre la derecha y paño de pureza pegado al cuerpo con pliegues paralelos, poco perceptibles.

San Juan, que sujeta a Cristo por la axila derecha, presenta bella cabeza restaurada, con melena corta, desnudo el cuello y parte del hombro derecho al agacharse y la túnica y manto que luce se confunden en artísticas y airosas plegaduras.

La Virgen recibe a su Hijo sobre el regazo y las manos en actitud de oración con los dedos entrelazados. Su amplio manto enmarca un triste rostro de correctas facciones, la mirada hacia la cabeza de Cristo, ojos pequeños, fina nariz, labios cerrados y mentón corto y pronunciado. La toca de muchos pliegues cubre su cuello y pecho, mientras que el manto impide ver la túnica por la amplitud de sus pliegues de airosa línea.

Una de las dos Marías, en lugar de ayudar a la Virgen en su desfallecimiento, se inclina con curiosidad a contemplar la escena, mientras junta las manos en actitud orante. El rostro, con mutilaciones, no ha sido restaurado como las otras figuras y la imagen luce también toca y manto similares a los de la Virgen, aunque con plegaduras un poco más planas.

La que suponemos otra María queda detrás, con el amplio manto, de plegaduras planas, sirviéndole de embozo hasta la nariz y dejando ver unos ojos atónitos ante lo que sucede.

La otra figura, delante de las dos Marías, que toca con la mano derecha ligeramente a Cristo, ignoramos quien sea pues, al ser restaurada se le ha colocado una cabeza descubierta de corta y ondulada melena y facciones dulces que inducen a confusión sobre su sexo.

Al fondo del relieve se encuentra la talla de una gran Cruz plana y ancha, sin cabecero, que se sustituye por un pequeño listón sobre el que va clavado el infamante cartel que consiste en simétrico pergamino avolutado con muescas centrales en los dos lados. Sobre el travesaño de la Cruz apoya una gran escalera de mano.

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