Estafadores y timadores (1)

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El 2 de julio de 1917 llegó al Parador de los Toros un caballero, acompañado de su esposa, que dijo llamarse Federico Fernández Tamarín y ... ser ingeniero, arribando sin equipaje. Realizaron algunas compras que pagaron religiosamente en varios comercios salmantinos y salieron para estudiar el tendido de red eléctrica y de rieles pensando en establecer en Salamanca un servicio de tranvías, coincidiendo con que al finalizar las obras del salto del Trampal, la Hidroeléctrica Navarra ofrecía al Ayuntamiento la posibilidad de suministro de energía eléctrica para la instalación de tranvías.

Afirmaba disfrutar de un sueldo diario de 20 pesetas, más los gastos, que le abonaba la Casa para la que prestaba sus servicios. Alquiló una casa en el paseo de las Carmelitas, número 7, esquina a la Ronda del Corpus, propiedad de don Manuel Barrero y ordenó al señor Ramírez de Arellano una reforma total del inmueble con objeto de transformarlo en su despacho y oficinas.

En el comercio de muebles de don Higinio Gómez adquirió lo mejor de la tienda y pidió unas lunas biseladas que fueron encargadas a Valladolid, dejando a deber todo el pedido. Como la señora estaba a punto de dar a luz visitaron la tienda de Cacho Hermanos, donde adquirieron géneros por valor de 50 pesetas que pagaron en el acto y volvieron para comprar una canastilla y otras prendas infantiles que importaron 200, cuenta que dejaron de abonar.

En la librería de Francisco Núñez se surtió de artículos de escritorio, entre ellos una escribanía de 6 duros y papel por valor de 180 pesetas, que no abonó, pues al recibirlos en su domicilio, el mozo que llevó en encargo, no tenía cambio de un billete de 500 pesetas con el que pretendió pagar. En el comercio de José Román Gallego, del Corrillo, junto a la Plaza Mayor, fue presentado por la dueña del Mesón de los Toros, adquiriendo vajillas de cristal y de china, junto con cuberterías y demás artículos, que le fueron remitidos a su domicilio, por importe de 500 pesetas. En el comercio de Fernando Sánchez Angoso (compañero de hospedaje) adquirió unos pares de trajes de verano y en el comercio de Antonio Lorenzo, «La Imperial», en la calle del doctor Riesco, compró 4 pares de botas y 2 de alpargatas y dio su tarjeta para que se enviara la cuenta a su domicilio.

En la relojería de Antonio Ferreira adquirió unos relojes de pulsera de oro para un regalo de bodas y como se desplazaba a Zamora, donde vivía la novia, pidió otro par de relojes para que pudiera elegir. Quedaron sin abonar 160 pesetas.

Alquiló en el garaje de Ramón Moneo un automóvil, con chófer, que estuvo a su disposición en todo momento y que utilizaba para los continuos desplazamientos a Zamora, donde iba acumulando el producto de sus timos. Acercándose a los 2.000 km recorridos, el chófer le indicó si quería que le pasara la cuenta, pues le harían una significativa rebaja. Así lo hizo solicitando un 5 % y extendida la factura, explicó que se había dejado la cartera en el chaleco que antes llevaba. Quedó en que abonaría el importe al regresar del viaje.

Otro estafado fue el hombre de negocios Francisco Escudero que con el dueño del Parador había concertado un viaje a Valderas, en León, para comprar unos caballos y al partir de la estación se presentó don Federico anunciando que al día siguiente llegaría a Valderas en su automóvil. Al llegar les dijo que se había dejado el dinero en casa y Escudero le dio 300 pesetas por si le ocurría algo a la vuelta. En Olmedo había contratado un vagón de lana, que Escudero iba a colocar en Béjar, pero la operación se frustró porque no había pagado.

Al volver y llegados a Medina pretendió continuar viaje a Santander pero el chofer se negó, pues tenía órdenes de regresar inmediatamente, con lo que se quedó en Medina y no regresó jamás.

Reunidos los comerciantes estafados presentaron una querella ante el Juzgado de Instrucción.

La oportuna «Quisicosa» de El Adelanto: Vaya calor caballeros. / Aquí la diña cualquiera. / Que venga don Federico / porque ese sí que es fresquera. / Volverán las oscuras golondrinas, / eso está por descontado / pero al tal don Federico / hay que esperarlo sentado.

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