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Las dos caras de la verdad

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01.03.2026

El gobernador de California Gavin Newsom fue protagonista estos días de una controversia a raíz de unos comentarios que hizo en un coloquio con el alcalde de Atlanta Andre Dickens. En un vídeo se puede observar al político demócrata diciendo que se parece mucho a las personas que allí se encuentran, pues él tampoco logró obtener un buen resultado en el SAT (un examen estandarizado que realizan los estudiantes en el proceso de admisión a la universidad) y es incapaz de leer un discurso. «Soy como vosotros», afirmó.

Cualquiera que viese esa escena podría llegar fácilmente a la conclusión de que, en efecto, Newsom estaba cuestionando la altura intelectual de los presentes. No solo eso. Como lo estaba haciendo en Georgia, un estado con una proporción elevada de población negra, el gobernador se lo estaba diciendo a un grupo de afroamericanos y, por extensión, a toda su comunidad. Y, además, con ello pretendía incrementar su capital político y ganar votos de cara a una posible candidatura presidencial. En suma, que, básicamente, Newsom estaba insinuando (y, para colmo, con una sonrisa mezquina) que él entiende mejor que nadie a los negros porque es tan analfabeto como ellos y, a pesar de todo, consiguió llegar muy lejos, en un intento de conquistar electoralmente a los miembros de una minoría sirviéndose del insulto y la condescendencia.

El vídeo fue aprovechado por Fox News y otras plataformas de derechas para retratar a Newsom como un presuntuoso y cínico racista. Hasta un intelectual progresista respetable como Cornel West se apresuró a mostrar su decepción… Y, de nuevo, parece lógico que, al ver solo esa parte específica de la intervención, uno piense que el gobernador se dirige al público con un tono paternalista, asociando una identidad racial con una limitación intelectual. Sin embargo, conviene tener en cuenta algunos datos. Al parecer, entre los espectadores había, más o menos, tanta gente negra como blanca. O sea que Newsom no estaba dirigiéndose exclusivamente a un grupo de afroamericanos. Andre Dickens, la persona que lo entrevistaba, es negro, y no parecía en absoluto ofendido por sus comentarios. Newsom, en ese momento, no estaba hablando de la educación en términos de diferencias raciales o de la lucha política de la comunidad negra (el vídeo que se hizo viral fue oportunamente cortado), estaba confesando un problema sobre el que habló varias veces a lo largo de su carrera y cuenta con detalle en su último libro (motivo por el cual estaba en Atlanta charlando con Dickens): los desafíos que tuvo que afrontar de niño para lidiar con su dislexia.

Esta controversia nos permite observar cómo se fabrican ciertos «hechos alternativos» que, en tiempos de polarización y sectarismo, pocos se molestan en verificar. Porque lo cierto es que esto pudo ocurrir así, tal y como denuncian los adversarios de Newsom. No es difícil ver a un político metiendo la pata y pasándose de frenada al buscar desesperadamente la complicidad de una audiencia. Los ejemplos nos abruman. Es más, no resultaría imposible (aunque, a mi juicio, poco probable) que Newsom dijera algo semejante. Incluso se le pueden poner objeciones al modo torpe en que el gobernador narró los obstáculos que se vio obligado a vencer en su aprendizaje, pretendiendo apelar con ello al «hombre común», tan codiciado por ambos partidos. Pero no podemos juzgar el acontecimiento sin tener en cuenta los factores mencionados. Aunque, por supuesto, nada de esto importa. La declaración quedará como una verdad a medias asentada como verdad total, digerida y asumida por quienes piensan que lo relatado se ajusta al personaje construido a base de prejuicios. Y eso basta. Lo dijeron en la televisión. En internet. En el pódcast. Lo dijo el líder de opinión de cabecera (Sean Hannity, por ejemplo), ese en quien confío de una manera ciega porque piensa como yo y lo dice mucho más alto y mejor que yo.

La manipulación ni siquiera requiere inteligencia artificial. Es, sencillamente, la ausencia de contexto. De una explicación. Es decir, de periodismo. Porque los creyentes de uno y otro lado no necesitan intermediarios. Ya tienen acceso directo a una realidad hecha a la medida de su fanatismo. Y si uno no se detiene a pensar, también duda. Todo puede ser mentira y todo puede ser verdad. Sabemos que por estos oscuros pasadizos suelen colarse los totalitarismos con sus conspiraciones, cuando reina la confusión y la verdad comienza a circular por los mercados clandestinos. Cuando no se necesita a nadie que proporcione información, ni con los archivos de Epstein ni con el contenido del discurso sobre el estado de la Unión, porque ya todo se sabe (se juzga) de antemano. Cuando, contradiciendo la máxima jeffersoniana, la gente, en realidad, sí prefiere tener un gobierno sin periódicos que periódicos sin gobierno. No, lo que dijo o no dijo Newsom carece de relevancia. Lo que se impone es la tendenciosa interpretación, mucho más barata y fácil de consumir que la pesquisa que puede desmontar un bulo.


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