Lo que es morirse, oye
No hay como morirse para que te presten atención, Raúl, querido. Enfermo grave eres un incordio, pero una vez que pasas de pantalla vuelves de inmediato a la más rabiosa actualidad. A esto le llamo el efecto Labordeta, que alcanzó sus más altas cotas de popularidad cuando se armó de mochila y caminó hacia la luz. Parecía que despedíamos al más sensible trovador de todos los tiempos y hubo un empeño en demostrar en las redes sociales el dolor que uno sentía por la marcha de José Antonio.
Yo a Raúl del Pozo lo escuchaba en lo de Alsina leyendo más bien mal, que eso ya lo sabía él, y colgando el teléfono con brusquedad pretendida para dejar claro quien........
