Entre selenófilos y lunáticos |
El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana / FDV
Esta ha sido una semana grande para la ciencia. De celebración. Hacía tiempo que una proeza científica no recibía tanta atención en los medios. Portadas de periódicos, minutos y minutos en las teles y, por supuesto, la previsible proliferación de expertos y seudoexpertos, esa tropa que despacha con la misma naturalidad el problema de la vivienda como los desafíos de la expedición Artemis 2 a la Luna. El satélite natural ha protagonizado gran parte de la actualidad (bueno, dejando de lado a los Koldos, Ábalos, Kitchen y la insoportable guerra en Oriente). Durante unos días hemos levantado la cabeza de nuestros problemas cotidianos, terrenales, y hemos mirado a la Luna con otros ojos, con curiosidad y admiración. Y un punto de envidia (ya me hubiera gustado viajar en la Orion, pena de vértigo). Esta misión ha alimentado la legión de selenófilos, palabro que, lo confieso, me he encontrado por casualidad. La RAE no lo admite, todo se andará, pero ya se emplea en determinados ámbitos friquis y se refiere a las personas que sienten fascinación o una atracción intensa por la Luna (en griego Selena significa Luna).
El viaje a la Luna debería servir para valorar más el trabajo científico. No deja de ser paradójico que Trump se haya anotado el tanto del regreso de la Humanidad a la Luna (superando la distancia de 400.0000 kilómetros) y al mismo tiempo sea el presidente de EE UU que ha infligido el mayor recorte a la investigación de su país, cancelando valiosos proyectos, castigando a prestigiosas universidades con la retirada de los fondos públicos si no cambiaban planes de estudio, apostando por un responsable de Salud Pública que es un antivacunas declarado, obligando a emigrar a brillantes científicos o sencillamente expulsando a quienes no nacieron en EE UU o procedían de países, a su juicio, peligrosos, que son casi todos los que no se arrodillan ante él. Hay que ver: la mayor amenaza pública para la ciencia colgándose una medalla por algo en lo que nada tiene que ver (las expediciones se programan con muchos años de anticipación). Sería de falso de toda falsedad afirmar que Donald Trump es un selenófilo. Para su caso la RAE nos ofrece otro adjetivo: lunático. El abismo semántico entre una palabra y la otra es el mismo que hay entre la Tierra y la Luna. Desgraciadamente, Trump no está solo. Tenemos lunáticos de todos los colores: ayatolás, norcoreanos, genocidas israelís, totalitarios chinos, autócratas rusos... Qué bien estarían todos ellos juntitos… y en la Luna.
Aunque él cree que sí, el mundo no gira solo en torno a Trump. Hay vida más allá de la Casa Blanca y Mar-a-Lago, su propiedad en Florida en donde juega al golf y se relaja cada fin de semana después de una jornada laboral agotadora. Imaginen: secuestrar presidentes, masacrar países, subir aranceles, amenazar a líderes políticos y, sobre todo, chatear sin freno en su red Truth.
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En Galicia, por ejemplo, hemos asistido al debate sobre el Estado de la Autonomía, una cita anual que nos ha aportado alguna novedad sobre medidas en vivienda o para atajar el descontrolado absentismo laboral. Lo menos malo que se puede decir de estos debates es que fue previsible: para unos todo va bien (e irá a mejor); para los otros, todo va mal (e irá a peor). Nuestros periodistas os lo han contado al minuto en la web y con análisis y contexto en el papel. Y siempre de la forma más digerible posible, conscientes de que no es una tarea fácil. La política es como los polvorones: aunque te gusten mucho, si te metes un par de ellos en la boca te acabas atragantando.
También os hemos hablado de sanidad, de cómo cada vez más gallegos firman seguros privados para evitar listas de espera; de la intención de Roberto Verino de vender el 40% de su empresa; del regreso al papel en buena parte de las aulas que habían apostado por el libro electrónico (¿pasará algún día con los periódicos?); de Carmen Rial, de 92 años, que regresó a su Chandebrito natal después de 73 años al otro lado del Atlántico pero que se irá de vuelta, porque pesa más su morriña uruguaya que la de su tierra gallega; o de la lotería que le ha tocado a Marián Mouriño, presidenta del Celta: el club disfrutará en exclusiva del estadio de Balaídos hasta el año 2100.
El menú, como veis, ha sido rico y variado, as usual, pero permitidme que hoy destaque dos historias con la misma firma –Armando Álvarez– y un mismo nexo la Vig-Bay. La primera nos habla de Anxo Lorenzo, un joven ponteareano con discapacidad intelectual y afasia que ha encontrado en el deporte una forma de expresión. La segunda la protagoniza Carla Lago, 24 años, que perdió a sus padres por enfermedad en los dos últimos años. «Correr me despeja la mente y me ayuda a pensar en ellos», confiesa.
A la izquierda, Carla Lago y su novio Isma en Cesantes. A la derecha, Carla de niña con sus padres / Pedro Mina / Cedida
El deporte como liberación y sanación de cuerpo y espíritu. Los dos estarán el domingo en Samil. Armando es experto en ofrecernos joyitas humanas, escritas con una pluma brillante y pasión, pero siempre contenida. En sus textos hay estilo, sentimiento y verdad. Periodismo con mayúsculas. En un mundo de flashes, vanidades, fama y egos, él siente querencia por descubrirnos la otra cara del deporte, que para mí es tan importante como la otra cara de la Luna, esa misma que desde esta semana ya no es un secreto.
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