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Juez y mártir (y II)

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11.10.2026

Al margen de las creencias de cada cual en torno a las beatificaciones y canonizaciones, me parece evidente que el juez Luis Mosquera, recordado como un hombre bueno y ejemplar, injustamente condenado y cruelmente asesinado por sus ideas, merece todo nuestro respeto y consideración como una de tantas víctimas de las atrocidades ocurridas en nuestra guerra incivil.

Pero hay otros mártires laicos que, discretamente y en la sombra, pasan inadvertidos, sin otro altar y otro incienso que el de los estrados de los tribunales que proclamaron su martirio. Son jueces fallecidos en y por el ejercicio de su profesión y, habrá que decirlo, por la desidia institucional, abrigo de difusos y anónimos responsables. Jueces que soportaron, a solas y olvidados, cargas inasumibles de trabajo que gravitaban sobre sus hombros y sus insomnios, hasta que sus corazones, que latían bajo presión, terminaron por reventar.

Un ejemplo: Joaquín Sánchez Ugena. No llegué a conocerle personalmente, pero recuerdo su nombre de aquellas listas de opositores que me acompañaban en la aventura de desfilar por los pasillos del Tribunal Supremo para comparecer ante los tribunales examinadores. Según testimonio de quienes le conocían, Sánchez Ugena era un trabajador extraordinario, plenamente entregado a su profesión a la que dedicaba largas y exhaustivas........

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