De jueces y abogados (I)
Recibo un programa que da noticia de un ciclo de conferencias sobre reformas en la Administración de Justicia. Llevamos años, décadas, a vueltas con el tema. A la entrada de los edificios judiciales - antes Palacios de Justicia, hoy Ciudades de la Justicia (la diferencia importa y es elocuente)-, debiera figurar, de modo permanente y bien visible, un cartel donde rezase esta advertencia: «Estamos de reformas, disculpen las molestias». Tal es el estado de la Administración de Justicia desde que, joven e imbuido de las virtudes cuasiteologales de fe, esperanza y candidez (sí, candidez, no caridad), ingresaba en la carrera judicial tras el arduo esfuerzo que supone la superación de las consabidas oposiciones.
Todas estas jornadas y ciclos de conferencias organizados en torno a las necesarias reformas en la Administración de Justicia adolecen de una amputación injustificable. Se ocupan, eso sí, de la agilización de los procedimientos, del incremento del número de jueces, de la necesidad de dotación suficiente y actualizada de medios materiales, o de la reordenación de la demarcación judicial. Y todas ellas son – qué duda cabe- cuestiones pertinentes........
