Cruceros de lujo

Los cruceros de lujo, sin quitar que puedan acabar bien, remiten a un mundo un poco grotesco, y a veces hasta patético. Cuando me pregunto quién se apunta a un engorroso viaje de placer en barco, aun rodeado de lujos, pienso siempre en una de mis escenas favoritas de Triángulo de la tristeza, maravillosa sátira del cineasta sueco Ruben Östlund sobre el culto disparatado al dinero. Dos de los protagonistas, Carl y Yaya, cenan una de las noches con el enigmático matrimonio que forman Clementine y Winston. Cuando le preguntan a Winston cómo se ganan la vida, explica que tiene un negocio familiar consistente en fabricar productos de ingeniería de precisión. «¿Qué productos?», quiere saber uno de los protagonistas. «Productos que se utilizan para preservar la democracia en todo........

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