La salida de la rotonda

Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez

El domingo la televisión que tenemos en la seccíón –que tantas cosas ha visto y escuchado– permaneció en reconfortante silencio. La dejamos descansar todo el fin de semana como si fuese un gregario al que un buen director de equipo reserva para la última semana del Tour y hasta entonces lo colma de atenciones y mimos. Pronto llegará la tormenta y no habrá paz ni descanso. Seguiré con el símil ciclista que es tiempo de clásicas y adoquines. Este parón de selecciones es para los clubes y sus aficionados como una de esas etapas de transición de cualquier carrera de tres semanas, trámites que hay que cumplir de forma inevitable y en las que solo importa que nadie se estampe en la entrada de una rotonda. Es uno de los absurdos que aún perviven en el calendario y que comprometen temporadas y proyectos sin que la FIFA –más preocupada por condecorar a Trump– y sus federaciones hayan encontrado la forma de poner orden en semejante dislate. En un tiempo en el que los partes médicos se asemejan a las sagradas escrituras, estos partidos «por cuenta ajena» constituyen una amenaza permanente y más que por el resultado –allá cada uno con su forma de entender el fútbol de selecciones– los aficionados los viven poniendo una vela a sus santos de cabecera. Lo más excitante que ha sucedido en la vida del Celta en la última semana han sido esas veinticuatro horas de silencio a la espera de conocer el alcance de la lesión de Radu. Un simple pinchazo, una torcedura, un tropiezo a estas alturas se puede llevar por delante la ilusión alimentada durante meses. En un momento de cansancio, cuando los cuerpos son más vulnerables, someter a los futbolistas a una carga extra es una irresponsabilidad que sufren los clubes a mayor gloria de la cuenta de resultados de Infantino y compañía. Hoy llora el Barcelona por la lesión de Raphinha, mañana lo hará cualquier otro club. La rueda caprichosa del fútbol girará de nuevo estos dos próximos días en busca de una nueva víctima. El Celta cruza los dedos para salir entero de la dichosa rotonda y que el miércoles las federaciones devuelvan en las mismas condiciones su material más preciado. Alguno ha querido convertir a los clubes en empresas de alquiler de coches con la diferencia de que, por mucho que te compensen económicamente, luego no hay manera de reponer el automóvil dañado.

Ferran Jutglà: «Más que marcar me obsesionaba sacar mi mejor versión»

La paciencia es una de esas virtudes que no abundan en el fútbol, terreno abonado a la urgencia y al juicio sumarísimo de cada domingo (hoy eres el mejor, mañana hay que tirarte al río, pasado es incomprensible que tu contrato no esté blindado). El Celta, donde el buen juicio se ha convertido en una costumbre, la ha tenido con Jutglá. Fichó a un jugador en verano lleno de esperanza y convencido de que sería una pieza básica en su temporada, pero ese futbolista ha tardado en llegar. El necesario proceso de aclimatación, un bloqueo porterior y una crisis personal le hicieron colapsar pero encontró en el vestuario, en el club y sobre todo en el cuerpo técnico la calma y la paz que necesitaba para reconocerse. Su evolución en el último mes apuntó una mejoría, el partido del domingo ante el Alavés (aún es difícil borrar de la cabeza esa caótica segunda parte) confirmó que ya está aquí el delantero que compró el Celta. Aparece en el momento justo, a tiempo de convertirse en uno de los nombres claves de la temporada. Y con el depósito de energía en máximos. Esta semana hablamos con él sobre esta temporada de vaivenes deportivos y emocionales y la esperanza que tiene con el mes y medio de competición que nos espera. Irradia ilusión. No se le pide más.

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El Guardés sobrevive en Elche

Puede que la noticia del fin de semana en nuestro territorio hayan sido esos últimos once segundos del partido en Elche donde el Guardés pasó de estar a un paso de la eliminación a marcar el gol que le clasificaba para la semifinal de la EHF European Cup, competición que las guardesas y el Porriño han explorado en los últimos años en busca de un título soñado y donde tantas tardes buenas han regalado. Jazmín Mendoza fue la encargada de anotar ese gol en el que la indomable afición guardesa vive en bucle desde el sábado.

John Burridge, el último en llegar

Y me voy con la recomendación de la historia irrepetible de la semana que va dedicada a John Burridge, fiel exponente de esa estirpe de porteros que abundaban en el fútbol británico de los ochenta y comienzos de los noventa, tipos que parecían sacados de un pub horas antes del partido para defender la portería de sus equipos. Muchas veces su imagen algo descuidada poco tenía que ver con lo que había dentro de ellos. Es el caso de Burridge, un portero que con 43 años y tras pasar por casi treinta equipos se convirtió en el debutante más veterano en toda la historia de la Premier.

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«O Celta é a expresión do desexo de modernidade de Vigo»

Hora de irse. Si ustedes son de los millones de ciudadanos que tienen unos días de vacaciones esta semana espero que los disfruten y que los dediquen a tareas provechosas y no para llamar aldeano a cualquiera con el que se crucen cuando salgan de casa (vicio muy extendido en según qué territorios). Aprovecho para recomendarles «Afouteza celtista», el libro que la semana pasada presentó nuestro querido Manolo Bragado en un acto sencillo y tierno y que contiene una recopilación de artículos que ha ido escribiendo estos años en las páginas de Faro. Manolo retrata como pocos la ciudad, el Celta y la condición de celtista. Es un magnífico espejo en el que verse.

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