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La educación empieza en casa

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22.04.2026

Aula vacía en un instituto de Vigo. / PABLO HERNANDEZ GAMARRA

Recuerda de vez en cuando mi padre, 84 años, que cuando era pequeño, en la posguerra, los castigos físicos en la escuela estaban a la orden del día. Que les golpeaban con una vara en los dedos si se portaban mal, si faltaban al respeto al docente o por cualquier otra cosa. Supongo que de ahí viene el refrán de que «la letra con sangre entra». Ya en mi época, en los ochenta y noventa, eso de que te zurraran por mal comportamiento era una rara avis, aunque no diré que no vi una vez en el colegio cómo un profesor levantaba del suelo por las orejas a un alumno por liarla en clase.

Por suerte, esas prácticas, tan reprochables como humillantes, han pasado a la historia. Pero, casi sin darnos cuenta, hemos pasado de un extremo al otro: del miedo al castigo físico a una absoluta falta de respeto hacia los profesores. Lo hemos contado en numerosas ocasiones. La última, esta misma semana, en una información de Elena Villanueva, en la que........

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