«El viernes es de los baioneses»
Recreación de la arribada de Pinzón a Baiona. / Marta G. Brea
Ese año el PP de José María Aznar ganó las Elecciones Generales (con la letanía aquella de «váyase señor González, váyase»), ETA secuestraba al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, se celebraron los Juegos Olímpicos de Atlanta y servidor sobrevivía a duras penas en el instituto a una pubertad tardía de la que no tengo demasiados gratos recuerdos… Pues ese año —1996, para quien todavía no se haya enterado— en Baiona comenzamos a festejar por todo lo alto, con recreación y mercado medieval, la arribada al pueblo, unos quinientos años antes, del navegante Martín Alonso Pinzón, a bordo de la carabela La Pinta, con la buena nueva del descubrimiento del Nuevo Mundo. Es decir: arrancaba la Festa da Arribada.
Treinta años han pasado como un suspiro. Treinta. Y en ese tiempo la Arribada se ha hecho hueco —y de qué manera— en las agendas de vecinos y visitantes, hasta el punto de que conozco casos, y no pocos, de madrileños (por no llamarlos fodechinchos, que son buena gente) que todos los años se reservan esta semana de vacaciones solo para disfrutar de tres días de buena comida y bebida y mejor compañía. Es una cita grabada a fuego en el calendario de pequeños —mis hijos ya tienen preparada su indumentaria medieval para conmemorar semejante gesta— y mayores, que este año, después de todo lo que ha llovido y con las ganas de fiesta que se palpan, se antoja memorable.
Me la perderé por trabajo (¡ohhhh!), pero sé que la disfrutarán sin mí. Si el olfato es el sentido más potente a la hora de evocar recuerdos, en este caso el aroma que asoma a mi mente con la Arribada no es el del choripán, ni el del churrasco, ni el del vino. Lo que más echo de menos de aquellas primeras ediciones es el maravilloso pez espada a la plancha que preparaban las primas de mi pater Ricardo —Ramona y familia—, un bocado tan suculento que, al menos a mí, me transportaba a otra época. No sé si a 1493, cuando Pinzón puso un pie en la playa de A Ribeira y comunicó que había otras Indias (imagino la cara de «pero qué me estás contando» que pondrían mis antepasados), pero para el caso es lo mismo: el tiempo se dobla, el humo de la parrilla hace de máquina y uno vuelve, aunque sea un rato, a ser el de antes. Pero sin pubertad, claro.
Pero bueno: no se apuren en venir a disfrutar de Baiona y sus encantos. Hoy viernes es nuestro día, el mejor día del año para muchos. Ya tendrán tiempo mañana y el domingo. «El viernes es de los baioneses». Es una frase que, sin duda, hoy se escuchará por todo el casco vello y por el parque de A Palma. Así que truenen los tambores, que la villa se llene de ecos de 1493 —o de Juego de Tronos, como dijo el otro día Sito Almuiña— y que los baioneses —los de siempre y los de adopción— sigamos haciendo nuestra esa sentencia que ya es ley: «El viernes es nuestro».
Noticias relacionadas y más
Tres días de gran fiesta medieval en Galicia: guía completa de la Arribada de Baiona
Pronunciamiento de los liberales marinenses
Porque, al cabo de treinta ediciones, la Arribada no es solo una fiesta: es arraigo, pertenencia. La prueba de que un pueblo pequeño puede seguir siendo el primero en algo grande, aunque sea en conmemorar una efeméride. Los niños saldrán disfrazados, los turistas llenarán las terrazas y yo, desde Chapela, oleré el humo de las parrillas y el salitre del casco de La Pinta como si estuviese en la mismísima playa de A Ribeira. Disfrútenla a tope, que para eso está. Y el año que viene, si Dios y el trabajo lo permiten, nos vemos en la barra. Porque Baiona no llega tarde a nada: siempre llega primero… y con ganas de repetir.
Si quieres recibir este análisis de la actualidad en tu correo tan solo debes activar este boletín en nuestra página web
