Ser o no ser un animalito: los «therians» |
Un joven que se identifica con un lobro gris albino. / Enric Fontcuberta (EFE)
En los bosques del mundo digital ha surgido un fenómeno llamativo, pero en absoluto original. Se trata de los llamados therians, es decir, personas que afirman identificarse —no metafóricamente, sino de manera psicológica y física— con un animal no humano.
Es pronto para saber si algo así puede poner en peligro la supervivencia de determinadas especies. No sabemos si lobos, gatos, cuervos, mantis religiosas y demás criaturas pueden verse amenazadas por la proliferación de esta competencia artificial y acaso también desleal. El tiempo lo dirá.
La lista de animales que inspiran a determinados humanos a convertirse en uno de ellos es tan diversa como el imaginario que estos adolescentes, jóvenes o adultos despliegan para definir quiénes creen (o quieren) ser.
Sin embargo, este fenómeno no es en absoluto nuevo ni original. Es milenario. Y si hoy nos sorprende es porque ignoramos muchas cosas de nuestro pasado.
El término «téras» significa en griego clásico monstruo o bestia, por dos razones: su gran fuerza o tamaño y su anatomía patológica o anómala respecto a otros seres convencionales (manifestar tres cabezas o cosas por el estilo). De hecho, en biología y ciencias médicas, se usa el término teratología para hacer referencia a la interpretación de anomalías o alteraciones en el desarrollo de organismos animales o vegetales. De ahí que, en tiempos no muy lejanos, se hablara todavía de «teratogenia» para describir malformaciones o desarrollos «monstruosos».
Piensen que hoy mismo hablamos de «teras» como unidades de medida de máximo almacenamiento informático en discos duros, al insistir........