La segunda herida

Cuando una mujer sufre una agresión sexual, muchas personas tienden a pensar en el momento del delito como si todo el daño estuviese concentrado ahí. Como si la agresión empezase y terminase en ese instante. Pero no. En realidad, para muchas víctimas, el sufrimiento no acaba ese día. A veces, ni siquiera ahí empieza del todo la parte más dura.

Una agresión sexual, sea del tipo que sea, no deja solo una huella física. Deja miedo, confusión, rabia, vergüenza, culpa injusta, sensación de irrealidad, dificultad para dormir, para confiar, para salir sola, para volver a sentirse bien con su propio cuerpo. Y cada mujer lo vive de una manera distinta. No hay una única forma correcta de reaccionar. Algunas lloran. Otras se bloquean. Otras aparentan normalidad. Otras tardan semanas o meses en poder ponerle palabras a lo ocurrido.

Estos meses estoy indagando en la psicología forense y me he parado con un término........

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