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Cariño, para algunas parir es pecado

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17.05.2026

El reactor IV de Chernóbil, pocos meses después de la catástrofe. / V. Berezovsky

Los animales lo supieron antes que los hombres. Las abejas dejaron de volar, los topos fueron expulsados de la tierra y yacían muertos en la superficie. Los escarabajos desaparecieron y las lombrices, a un metro bajo tierra, eran inalcanzables para los pescadores que buscaban cebo.

Las instrucciones decían que había que abrir las fosas tras realizar un estudio geológico. Era necesario conocer el terreno y calcular la profundidad para evitar excavar hasta las aguas subterráneas. Esas eran las instrucciones, la realidad era otra. Llegaban las excavadoras y alguien decía: «Aquí», y comenzaban a escarbar. «¿A qué profundidad?», preguntaban. «Tú excava hasta que salga el agua».

Les obligaban a enterrar la comida: los huevos, las patatas, la leche. La gente no entendía por qué debían abandonar sus casas y dejar de cultivar sus campos. No entendían por qué los........

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