Aviones

Aviones del ejército sobrevolando Samil. / Marta G. Brea

Todavía hoy, 123 años después de que Orville Wright se sostuviese sobre las dunas de Kitty Hawk durante 12 segundos y 36 metros, el vuelo de un avión nos sigue resultando tan fascinante como turbador. Aunque ya hayamos orbitado alrededor de la luna y hollado su suelo polvoriento. Aunque hayamos roto varias veces la barrera del sonido y hayamos fabricado naves tan colosales como edificios. Aunque en los aeropuertos nos estabulen camino del trabajo y de las vacaciones. Aunque las estelas de sus turbinas craquelen los cielos. Incluso así, detallado en su ciencia y convertido en rutina, sentimos que ese prodigio violenta nuestra naturaleza y es acaso un frágil espejismo, que se desvanecerá si apartamos la mirada.

Volar nos atrae y nos repele, en fin. Deambulamos entre el anhelo de desencadenarnos de la tierra y la necesidad de tenerla bajo nuestros pies. Entre la libertad y el........

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