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Todos a vivir de gorra

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03.03.2026

Pronostica Elon Musk, el hombre más rico del mundo, que de aquí a no demasiado tiempo el dinero dejará de tener importancia. Si él lo dice, habrá que creerle, no más sea por su experiencia en ese campo. Pero aún habrá más maravillas.

La combinación de inteligencia artificial y robótica va a permitir que el trabajo pierda su fama de maldición bíblica para convertirse en una mera opción. Seguirán trabajando los que se aburran y no encuentren otra cosa que hacer: pero nada más.

Gracias a los robots y a la inteligencia que va a pensar por nosotros, los pobladores de la Tierra dispondremos de una renta universal elevada sin dar palo al agua. Llegará una era de abundancia que el propio Musk define como «increíble», aunque la dé por cierta.

Coincide en esto el ultraconservador Musk con el socialista Paul Lafargue, quien abogaba por el derecho a la pereza y la abolición del trabajo en época tan temprana como el siglo XIX.

Lafargue, que era yerno de Carlos Marx, no dudó en enmendarle la plana a su suegro. Las máquinas liberarían, en su opinión, a la clase obrera del embrutecedor trabajo, permitiendo así que los humanos se entregasen al cultivo de las artes, las ciencias y el ocio. Esa sería la verdadera revolución social.

Quizá sin saberlo, Musk se propone llevar a la práctica la vieja utopía de la «abundancia y el goce» mediante la derogación de la «esclavitud del trabajo» que proponía Lafargue.

Cuanto menos se trabaje, más ricos seremos, viene a decir -muy resumidamente- el visionario Musk. Para ello está trabajando, con perdón, en un robot capaz de sustituir a los currantes de carne y hueso en las fábricas, en las oficinas, en el hogar y hasta en los quirófanos. De hecho, el Optimus, que así se llama el artefacto, será un magnífico cirujano, adelantó Musk.

A ello hay que agregar los coches eléctricos que se pilotan a sí mismos, aunque de momento bajo supervisión humana. Musk, pionero en este ramo, asegura que tal vigilancia no será ya necesaria a medida que la tecnología avance.

Robots, inteligencias artificiales y coches sin conductor son negocios impulsados precisamente por Musk, que al parecer no se aplica a sí mismo el derecho a no trabajar. Ni la irrelevancia del dinero, por supuesto.

Hay algo de contradicción ahí, pero no por ello conviene descreer en las profecías del hombre más acaudalado del planeta. Sería poco prudente tomar en broma a un tipo que ha creado empresas de transporte espacial como quien monta una línea de autobuses.

Puede que para muchos el sueño de la abolición del trabajo sea en realidad una pesadilla, aunque les permita vivir de gorra. La idea de un tiempo libre infinito parece tan aterradora como la de la eternidad.

Consuela, si acaso, pensar que el maravilloso nuevo mundo de robots pensantes anunciado por Musk tardará aún su tiempo en llegar. Si es que llega.

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