Si te bombardean, mejor que sea con agua
Ahora que el petróleo está que arde allá por tierras de Oriente, acá por Galicia tenemos más suerte con el agua, un líquido multiusos que también sirve para facturar energía eléctrica. Hasta 1.300.000 megavatios hora produjeron los embalses el pasado febrero, cifra a la que hay que sumar los 900.000 obtenidos de los aerogeneradores. Incluso las molestas tempestades de agua y viento tienen su lado positivo.
No es que vayamos a competir con los jeques del Golfo o con los petroleados ayatolas, naturalmente; pero a cambio tampoco es probable que Estados Unidos se interese militarmente por nuestros embalses.
El único bombardeo que sufrieron los gallegos durante los últimos meses ha sido el de las ciclogénesis explosivas -antes llamadas borrascas-, que este año venían más bravas de lo ya habitual.
Más que un cambio climático, aunque también, lo que se ha producido aquí es un cambio de denominación. Los hombres del tiempo comenzaron a hablar de «bombas meteorológicas» como sustitutivo de los rancios temporales y galernas. El nuevo concepto suena más fuerte y da color a los telediarios, aunque a menudo se trate de las borrascas de toda la vida. Lo que importa no son las cosas en sí mismas, sino cómo las llamemos.
Siempre será más llevadero un bombardeo de agua que uno de misiles, desde luego, por más que aquí seamos gente dada al lamento por los avatares de la atmósfera. Si llueve porque llueve, y si no, porque no.
Poco hay de lo que quejarse, en realidad. Las lluvias inclementes y los vientos capaces de levantar tejados han mejorado, a cambio, la producción de energías verdes que son una de las especialidades de este reino.
Tanto es así que los temporales han propiciado que más de la mitad de la energía renovable producida el último mes en Galicia haya salido de los embalses. Y que otro veinte por ciento corresponda a la obtenida del viento. En conjunto, nueve de cada diez megavatios fueron desembalsados a la red eléctrica por estas y otras fuerzas inagotables de la naturaleza, salvo error u omisión de este cronista.
Si las bombas tienden a caer por Oriente Medio y las tierras próximas al Golfo, los temporales suelen entrar en la Península por la parte noroeste en la que está situada Galicia. Esto último podría parecer una desdicha, pero se trata más bien de una simple molestia. Gracias a las tormentas tenemos un verde de lo más irlandés y energías limpias, aunque eso nos obligue a tirar de paraguas durante casi todo el invierno y parte de la primavera.
Ya solo falta que el coche eléctrico sustituya al de gasolina para que la felicidad sea completa: y no solo en el caso de las empresas que ordeñan kilovatios al agua y al viento. Con suerte, las guerras del petróleo sucio y pendenciero no tardarán en resultar tan anacrónicas como la de Cuba. Aunque de momento siga mandando el pensamiento diésel.
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