La seguridad social sin propuestas, más negociados

A raíz de las recientes denuncias públicas sobre la mala gestión en EsSalud, muchas de las cuales han sido acogidas en este medio periodístico, al confrontarlas con los discursos de los candidatos, podemos inferir que sus respuestas siempre han sido reactivas, pero en el fondo revelan un absoluto desconocimiento de los reales problemas de salud y cómo enfrentarlos. Es necesario reflexionar en voz alta sobre el devenir de la seguridad social y la salud en el país en los futuros años, los que a la postre serán la expresión de un buen o mal gobierno en el campo social. En los debates promovidos por el Jurado Nacional de Elecciones entre los candidatos presidenciales, los temas de salud y seguridad social estuvieron ausentes. Uno que otro candidato señaló algunos esbozos de los problemas de salud, acudiendo al fácil expediente de decir que construirán unos cientos o miles de establecimientos de salud más. Desconocen que hay más de 2 mil establecimientos de salud a nivel nacional que están esperando inversión en mejoramiento de infraestructura y equipamiento. No se trata de construir más establecimientos de salud; ello implica presupuesto adicional para el equipamiento y funcionamiento, vale decir, más recursos humanos especializados; se trata, en primer lugar, de implementar y poner en valor los actuales, que tienen grandes necesidades para estar operativos. Los temas de salud y seguridad social necesitan un contexto doctrinario que ninguno de los partidos políticos en contienda tiene. Los candidatos de la derecha  política ven la salud como una mercancía, con un criterio de eficacia, no de eficiencia, y acuden al fácil expediente de privatizar servicios. El jueves, en cierre de campaña, el candidato de la R decía: “si el tomógrafo se malogra, mejor alquilar los servicios; el dueño del tomógrafo se encargará de mantenerlo operativo”. Ahí está el negociado: ese empresario dueño cobrará el doble o el triple del costo real del servicio y el gobernante pagará con el dinero del Estado o de la seguridad social; el empresario se enriquecerá y el gobierno o la seguridad social se descapitalizarán, porque no habrá recursos para mantener ese modus operandi. Me lleva al recuerdo el año 2006. El presidente Alan García, al asumir su segundo mandato, manifestó enfáticamente que “están agotados los criterios del que fue llamado ‘Consenso de Washington’, el neoliberalismo, la ideología implícita”. Sin embargo, ni su gobierno ni los siguientes han hecho algo para ofrecernos una alternativa diferente. La Constitución  Política de 1993 y un conjunto de leyes que están vigentes (Ley 26790, Ley de Modernización de la Seguridad Social; Ley 26842, Ley General de Salud; Ley 27056 de creación de EsSalud; Ley 27657, Ley del Ministerio de Salud) constituyen el soporte legal de la destrucción del sistema de protección social más importante del país: la salud y la seguridad social. *Secretario General del Sindicato Nacional de Médicos del Seguro Social (SINAMSSOP)

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