Después no se queje: vote con conciencia o pagará el precio cinco años

Este domingo no acudiremos únicamente a las urnas para cumplir con un deber cívico. Iremos, en realidad, a decidir qué clase de país queremos tener y qué tipo de personas consideramos aptas para conducirlo. Por eso preocupa que, una vez más, una decisión de semejante trascendencia corra el riesgo de reducirse a un gesto mecánico, a un impulso emocional o a una reacción nacida del cansancio. Votar no debería ser un acto reflejo. Debería ser un acto de conciencia. En un país golpeado por la decepción, la precariedad institucional y la mediocridad  política, la tentación del descarte resulta comprensible. Mucha gente vota resignada, con la sensación de que da lo mismo un nombre que otro, una lista que otra, una promesa que otra. Pero justamente allí reside una de........

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