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Por los caminos del Señor

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29.03.2026

Hola… El día de hoy, domingo, la liturgia de la Iglesia nos introduce en la semana más potente y significativa de la historia de nuestra fe. Hoy, Domingo de Ramos, Jesús nos muestra una faceta poco habitual: permite que el pueblo lo proclame Rey y entra en Jerusalén en medio de honores, aplausos y aclamaciones. Sin embargo, sabemos que, apenas unos días después, saldrá de esa misma ciudad cargando una cruz para ser crucificado en el monte Calvario. Es, en cierto modo, la historia del hombre, la historia de muchos de nosotros: somos aplaudidos y también rechazados; valorados y, en otras ocasiones, ignorados. Con el paso de los años, uno comprende que este camino que Jesús recorre en estos días es también el que, de una u otra forma, hemos vivido y seguiremos viviendo a lo largo de nuestra vida. Pero antes de continuar, quisiera plantearte una pregunta: muchos dicen: ¿merece la pena tanto dolor para nada? Y me adelanto a responder: en Jesús, todo esto tiene sentido. La entrada triunfal en Jerusalén, la Última Cena, la traición de Judas, la negación de Pedro, el juicio de Pilato, la aclamación de aquel pueblo que primero lo vitorea y que luego grita: “¡Crucifícalo, crucifícalo!”, el silencio del sepulcro y, antes de todo ello, la muerte en la cruz… Todo tiene un sentido profundo. Vayamos a lo concreto. Permítanme una frase que quizá no sea muy poética, pero sí profundamente verdadera: “Nadie sufre por gusto”. Si sufrimos, si nos sacrificamos, si aceptamos incluso el fracaso, es porque anhelamos la plenitud. Y esa plenitud no es otra que la que celebraremos el próximo domingo: la Resurrección de Cristo. Es el triunfo de la vida sobre la muerte, de la libertad sobre la opresión, de la luz sobre la oscuridad. Acompañemos a Jesús en su camino al Calvario. Allí estaban María, el apóstol Juan y algunas santas mujeres junto a la cruz. También estaban, a lo lejos, los de siempre: aquellos que no se pierden nada de lo que sucede, pero que permanecen como simples espectadores. Ellos volverán a sus casas para contar lo ocurrido, y al día siguiente harán lo mismo. Son relatores de acontecimientos. Muy distinto es el camino de quienes permanecen junto a la cruz y hacen suyo el misterio de la redención. Como dice el apóstol Pablo: “Ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí”. Finalmente, me permito invitarte este Viernes Santo, a partir de las 12 del mediodía, a través de Ritmo Romántica, como lo venimos haciendo desde hace casi 40 años, a vivir juntos el sermón de las siete palabras que Jesús pronunció desde la cruz. ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga! Contáctanos en FB: Padre Pablo Larrán y TikTok: @padrepablolarran

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