“Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”

Queridos hermanos, felices Pascuas. Cristo ha resucitado. Y responde la Iglesia: verdaderamente Cristo ha resucitado. La Iglesia rusa dice: “Cristos voskrés”, es decir, Cristo ha resucitado. ¿Qué celebra toda la Iglesia en esta Pascua, en esta noche de Vigilia Pascual? Los cristianos celebran el triunfo de Dios: salir de Egipto, entrar en el éxodo y ponerse en camino hacia la tierra prometida. Durante muchos años el pueblo de Israel vivió esclavo en Egipto, y Dios lo liberó. Por eso, hermanos, Jesucristo viene a liberarnos de nuestros infiernos, de nuestras angustias. Él ha descendido a los infiernos, al lugar de los muertos, para darnos la victoria sobre la muerte y regalarnos una vida nueva. No es una idea, es un acontecimiento vivido. Por eso, en los Hechos de los Apóstoles se dice que Jesús pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él. Dios quiere liberarte de la esclavitud. Este que ha venido a liberarnos ha venido a ti y a mí. Nosotros lo matamos, lo colgamos de un madero. Pero Dios lo ha resucitado. Los apóstoles dicen: nosotros hemos comido y bebido con Él después de su resurrección. Él ha atravesado este tránsito de la muerte a la vida. Por eso dice la Escritura que todo el que cree en Él recibe el perdón de los pecados por su nombre. Hermanos, recuerdo que una vez explicaba esto en una cárcel. Allí me decían que estaban oprimidos porque habían perdido la libertad. Pero Dios quiere darte la verdadera libertad. Se puede estar en una cárcel y ser libre, porque la verdadera esclavitud no es solo exterior, sino interior. Por eso cantamos con el salmo 117: “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.” Fijaos: después de tantos siglos seguimos proclamando esta misericordia. Dios ha vencido incluso en las luchas profundas que tienes con tu esposa, con tu marido, con tu vida. El demonio empuja y empuja para derribarnos, pero el Señor viene en nuestra ayuda. Por eso canta el salmo: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.” Ha sido un milagro patente. La segunda lectura, de la carta a los Colosenses, dice: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de arriba.” Nuestro reino no es de este mundo. Aspirad a las cosas de arriba, donde está Cristo. Nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. El Evangelio nos habla del primer día de la semana. María Magdalena fue al sepulcro de madrugada y vio que la piedra había sido quitada del sepulcro. Entonces fue corriendo a decir a los discípulos: “Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.” Salieron Pedro y el otro discípulo. El otro discípulo, que era más joven, corrió más rápido que Pedro y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo. Después llegó Pedro y entró en el sepulcro. Vio las vendas y el sudario que había cubierto la cabeza de Jesús, no junto a las vendas, sino doblado en un lugar aparte. Esto es una garantía de la resurrección. No lo han robado. Él tiene poder sobre la muerte. Dice el Evangelio que entonces entró también el otro discípulo, vio y creyó. Hasta entonces no habían comprendido que, según las Escrituras, Jesús debía resucitar de entre los muertos. Hermanos, Dios quiere darte garantías de su resurrección, mostrarte que la vida vence a la muerte. Por eso apóyate en esta palabra, escúchala y deja que Dios haga el resto. Esto es lo que deseo para todos en esta Pascua: que experimentéis el paso de Dios, porque Pascua significa precisamente eso, paso: paso de la esclavitud a la libertad, paso de la muerte a la vida eterna. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, esté con todos vosotros.

Mons. José Luis del Palacio Obispo E. del Callao

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