Sánchez = Evo + Petro |
El Perú enfrenta una encrucijada de alto riesgo. La segunda vuelta presidencial definirá un rumbo político y el tipo de sistema que sobrevivirá a la profunda crisis institucional. La eventual llegada de Roberto Sánchez al poder, con el respaldo explícito de Antauro Humala y sectores afines al castillismo, al etnocacerismo y al neosenderismo, no representaría simplemente un giro a la izquierda extrema, sino a lo que podríamos llamar como una colombo-bolivianización del proceso político peruano. O sea, la combinación letal de un estatismo económico "refundacional" —desde el poder oficial— con un violentismo gradual antisistémico —incitado desde la calle—, donde el prosenderismo político y las lógicas de la narcopolítica y de las economías ilegales como la minería criminal —y hasta el narcoterrorismo como el que impulsó a Evo desde el Chapare y respaldó a Castillo desde el VRAEM— se empalman peligrosamente.
La advertencia aquí es que de ganar estas fuerzas coordinas acentuarán una dinámica de “desgobierno”. Y adrede. No se trataría de un gobierno ineficiente más, sino de una plan deliberado de "tenaza"; es decir, desde Palacio de Gobierno se activan mecanismos de control estatal, redistribución clientelar y erosión institucional (como se vio en Bolivia bajo Evo Morales), mientras desde la calle se administran conflictos, bloqueos y presiones violentas que desgastan al adversario y justifican mayor intervención estatal. Las libertades políticas y económicas se van dinamitando. Esta doble vía es característica de regímenes que combinan populismo extremo con control de economías ilícitas, y que utilizan la tensión social como instrumento de gobernanza. Es la manipulación de los conflictos para crear ambientes "refundacionales" o constituyentes.
La experiencia boliviana muestra cómo un liderazgo populachero pudo manipular las bases sociales —cocaleras, sobre todo— y el aparato estatal para imponer una nueva Constitución, perpetuarse en el poder y consolidar un tóxico Estado plurinacional que diluye la noción de ciudadanía. Evo Morales utilizó la movilización callejera y la presión de sindicatos radicalizados como instrumentos de gobernanza, mientras reforzaba su control sobre las fuerzas represivas. En Colombia, Gustavo Petro ha desplegado una estrategia parecida. Administrar conflictos desde el poder oficial y desde la calle, dosificando la violencia urbana y........