Perú: el país que depende de un tubo
Una llamarada rompió la oscuridad de la selva cusqueña y el cielo se encendió sobre el distrito de Megantoni. Uno de los tubos transportadores del gas de Camisea explotó. En cuestión de horas, centrales termoeléctricas quedaron paralizadas, los precios de la producción eléctrica subieron y en los grifos empezaron las largas colas de taxis, combis y camiones, y el desabastecimiento de balones de gas. Con el gas de Camisea se genera cerca del 40% de la electricidad del Perú, para millones de hogares y decenas de industrias. Un problema en ese sistema de transporte energético que cruza los Andes desde la selva del Cusco hasta la costa genera caos y pérdidas a los usuarios. Camisea cambió la matriz energética y permitió sustituir combustibles importados por gas natural nacional. La historia de Camisea no es solo de ingeniería sino también de poder y decisiones políticas. En ese ecosistema aparece Pedro Pablo Kuczynski, PPK, dos veces ministro de Alejandro Toledo y expresidente del Perú, uno de los tecnócratas y lobistas más eficientes de las últimas décadas. Su paso por el sector público y el privado ilustra el fenómeno de la puerta giratoria. PPK fue ministro de Economía y Finanzas del gobierno de Alejandro Toledo del 28 de julio de 2001 al 12 de julio de 2002, mientras el Estado impulsaba el avance del proyecto Camisea y su sistema de transporte de gas. En 2001, Transportadora de Gas del Perú-TGP firmó el contrato del gasoducto con el grupo Techint, fabricante de tuberías de acero de alta resistencia. Tras dejar el ministerio de Economía, PPK ingresó al directorio de Tenaris, del grupo Techint. Permaneció como director hasta febrero de 2004. Ese mismo mes volvió como ministro de Economía y Finanzas, al gobierno de Toledo, cargo que ocupó hasta el 16 de agosto de 2005. Posteriormente fue designado presidente del Consejo de Ministros (16 de agosto de 2005 al 28 de julio de 2006). Es decir: gobierno, directorio empresarial a quien se le compró los tubos y gobierno. Esto no constituye una ilegalidad, pero muestra la puerta giratoria entre el poder político y los grandes negocios de explotación de recursos. La historia tiene otro capítulo. Antes de regresar al gobierno, Westfield Capital, vinculada a Kuczynski, asesoró a la estadounidense Hunt Oil, uno de los inversionistas históricos del proyecto Camisea. Hunt Oil, también, fue accionista de ‘Transportadora de Gas del Perú’ durante los primeros años del sistema, aunque años después vendió su participación. Camisea hizo que la seguridad energética de millones de peruanos dependa de una infraestructura crítica, construida hace más de dos décadas, a la imagen de los intereses de un reducido círculo de políticos, tecnócratas y corporaciones. La cercanía entre el poder político y los grandes intereses económicos que orbitan alrededor del Estado, es una de nuestras grandes enfermedades. Hoy nuestro país está paralizado por un tubo, quizás porque no hubo la suficiente distancia entre nuestros representantes del Estado y sus intereses.
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