Holocausto

A las 9:35 de la mañana del 18 de octubre de 1994, un coche bomba cargado de amonal y dinamita estalló en el pórtico de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), asesinando a 85 personas y dejando 300 heridos. Las investigaciones determinaron que Irán financió el evento criminal en un país que alberga 250 mil judíos, masacre ejecutada por la secta terrorista Hezbolá, también responsable de atacar su embajada en Buenos Aires el 17 de marzo de 1992, provocando 22 muertos y 242 contusos. En 2023, otro grupo radical, Hamás, asesinó a 364 israelíes que participaban en un festival de la juventud en la Franja de Gaza, secuestrando a un centenar de adolescentes, la mayoría de los cuales fueron torturados y algunos murieron en cautiverio. Son actos de barbarie que hunden sus raíces en un odio psicopático hacia los hebreos, a quienes pretenden desaparecer de la faz de la Tierra. El ejecutor del abominable episodio de la AMIA fue Imad Mugniyah, de abultados antecedentes delictivos, entre otros, secuestrar un avión de TWA, volar torres en Arabia Saudita y estrellar un camión con explosivos en el cuartel de marines de Beirut, Líbano, en 1983, matando a 241 soldados norteamericanos y 58 franceses. Por esos crímenes, Mugniyah fue enterrado como héroe en el cementerio de los mártires; además, el gobierno publicó un sello postal con su imagen y designó una importante avenida de Teherán. La República Islámica de Irán, gobernada por fanáticos clérigos chiitas, es una nación de un millón 745 mil kilómetros cuadrados, de 100 millones de habitantes y es la tercera potencia mundial de petróleo, con 209 mil millones de barriles de crudo (24 % de las reservas del planeta). El régimen de los ayatolás fue instituido hace 46 años, en 1979, tras el derrocamiento del sha Reza Pahlavi y se mantiene en el poder mediante una brutal represión a críticos y disidentes. Empero, el tema es mucho más grave porque Irán cuenta con energía nuclear (dispone de 440 kilos de uranio enriquecido al 60 %) y controla el estratégico estrecho de Ormuz, de 33 km, por donde pasa 25 % del petróleo mundial. En ese contexto, debemos destacar que, en represalia al bombardeo de EE. UU., el régimen islámico ha lanzado un centenar de misiles sobre Arabia Saudita, Bahréin, Catar, Jordania, Irak, Emiratos Árabes Unidos e Israel, aliados de Washington. No menos significativo es que los iraníes cuentan con apoyo político de Rusia, China, Corea del Norte y de las dictaduras de Nicaragua, Venezuela y Cuba, a quienes han facilitado empréstitos y vendido armamento. Recordemos que en 2023 Maduro recibió con alfombra roja al presidente Ebrahim Raisi, suscribiendo 25 acuerdos de cooperación, cuyo contenido mantienen en secreto, pero ha trascendido que recibieron drones armados y misiles de crucero para destruir buques. La crisis iraní proyecta la debacle de Naciones Unidas, organización creada en 1945 para promover la paz, pero que hoy es incapaz de convocar una reunión de urgencia para abordar una crisis que puede desencadenar un conflicto nuclear.

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