Así deben terminar los dictadores

Maduro sospechaba algo. Las últimas noches, antes de ser capturado, paseaba como zombi manejando una camioneta, acompañado por un periodista español y dos sobones contratados para sonreírle tras cualquier necedad. Era el presagio del final del secuestro de Venezuela que iniciara su padre putativo, el impresentable jerarca Hugo Chávez Frías, quien condenó a los venezolanos al hambre, la tortura, el secuestro, el espanto y a la ignominia de una carcelería graficada por su peor manifestación de crueldad, sevicia y abuso.
Aquellos surrealistas viajes nocturnos hacia ningún lado —con Maduro conduciendo— quedarán para el recuerdo en las grabaciones realizadas por el propio Maduro sobre sus alucinaciones, necedades y pánicos, a través de alguna cámara montada ex profeso al interior de la cabina del lujoso vehículo. Maduro iba acompañado —repetimos— por un periodista español —acaso amigo del expresidente........

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