Más ingeniería electoral para repetir el fraude

A una semana de las elecciones, volvemos a situarnos ante una entelequia  política que no refleja la voluntad ciudadana, sino la capacidad de manipulación de quienes, desde hace décadas, convirtieron las encuestas en un instrumento de ingeniería electoral. Según este escriba crítico, la izquierda caviar —que opera tras bambalinas con precisión quirúrgica— moldea nuevamente el escenario para reproducir la “fórmula mágica” que ya le funcionó en procesos anteriores: dividir a la derecha en primera vuelta y asegurar que su candidato —el caballo de Troya— llegue fortalecido al repechaje. El diseño, según nuestra interpretación, funciona como un relojito suizo. El telón de fondo es una elección atomizada, inestable, y un colosal bolsón de votantes disponibles. Nada nuevo: el mismo patrón que repetimos hace unos tres o cuatro comicios, cuando Keiko Fujimori lideraba la primera vuelta, pero la izquierda acabó imponiéndose en la segunda. La novedad es que ahora la derecha no tiene una, sino dos figuras competitivas. ¡Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga! Por si fuera poco, ambos deberán enfrentarse entre sí antes de encarar al líder de izquierda mejor ubicado, sea Alfonso López, Jorge Nieto, Jorge Nieto, etc. La última encuesta de CIT Perú —realizada entre el 30 de marzo y el 1 de abril— muestra un caso que confirma la volatilidad encuestadora. López Aliaga encabeza con 13 %, aunque retrocediendo del 16 % previo. Fujimori asciende solo al 11 %, consolidando una tendencia al alza. López Chau figura con 8 %, seguido por César Acuña (6,5 %), Carlos Álvarez (6,1 %) y Jorge Nieto (5,1 %). Todos crecen. ¡Pero ninguno despega! Y, como siempre, el verdadero monstruo electoral está en otro lado: el 29,8 % del electorado sigue sin decidir, vota en blanco, viciado o por ninguno. Ese vacío es el terreno perfecto donde —según este escriba— operan las encuestadoras. No para medir, sino para moldear. No para reflejar, sino para inducir. Décadas de cambios, distorsiones, contradicciones y “errores” sistemáticos han dejado claro que los números publicados no siempre responden a la realidad, sino a intereses que se cocinan lejos del escrutinio público. Concretamente, Fujimori repite su patrón histórico: un voto durísimo, competitivo, capacidad de crecimiento cuando la pugna se ordena y riesgo permanente de perder en segunda vuelta. López Aliaga, por su lado, lidera, pero se desgasta. Y López Chau emerge como el candidato con mayor crecimiento acumulado. El resto se moviliza entre márgenes estrechos, sin lograr consolidarse. El panorama es clarísimo: la derecha compite, pero no domina. Y la izquierda, fragmentada, pero astuta, observa el desgaste de sus adversarios y mangonea el clima electoral para abrirse paso. Con márgenes estrechísimos y un error estadístico de +/- 2,5 %, cualquier movimiento altera el tablero. Pero lo que se transpira es la sensación de que el país vuelve a caminar hacia un desenlace muy conocido, donde la ingeniería electoral pesa muchísimo más que la voluntad ciudadana. En esta semana decisiva, Perú enfrenta no solo una elección, sino la posibilidad de repetir —o romper— un ciclo infecto que ha traumatizado su destino político reciente. ¡La responsabilidad, ahora, estriba enteramente en el ciudadano!

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