Dictadura de las encuestadoras y silencio cómplice del JNE |
Lo sucedido acá con las encuestadoras no es un defecto técnico, tampoco un error estadístico: es, evidentemente, un mecanismo sistemático de perversa manipulación política que, hace años, opera impunemente. Desde que los caviares descubrieron que buena parte de estas empresas fabricaban resultados al gusto del cliente, la credibilidad de los sondeos cayó en picada. Porque, en un país dominado por la informalidad, el dinero manda, compra, acomoda y distorsiona. El fenómeno es conocido: si al financista le conviene, la maquinaria encuestadora eleva a la cima al candidato más anodino, convirtiéndolo en “favorito”; después lo instala en el debate público y lo sostiene mientras sea útil. Hasta que cambia el guion, y lo deja caer para reemplazarlo por el verdadero beneficiario del negocio: aquel con los bolsillos más hondos. Acá la opinión pública es moldeada como arcilla, y el pueblo........