Comisión legislativa ultracorrupta |
Una comisión del Congreso “investigó” sendos contratos suscritos entre el Estado y empresas del llamado “Club de la Construcción chino”. Hablamos de un caso de enorme relevancia pública, por la composición misma del grupo investigador. Para empezar, la mayoría de sus integrantes mantenía vinculaciones directas o indirectas con China; coincidentemente, el país de origen de las compañías involucradas en los contratos que, precisamente, debieron investigar. Semejante conflicto de intereses fue obviado por el Congreso, que prefirió instalar una comisión sospechosa, gangsteril, antes que garantizar un proceso creíble. El origen de esto estriba en la denominada “Liga de Amistad Peruano-China”, creada dentro del Congreso dizque para “fortalecer la relaciones bilaterales entre ambas naciones”. Pero aquella liga arrastraba cuestionamientos internacionales por su papel en otros países donde, so pretexto de intercambios protocolares, promovía viajes, encuentros y beneficios de innumerables calibres dirigidos hacia autoridades estratégicas. Un mecanismo que, en contextos tan vulnerables como el peruano, constituye inexorablemente una vía rápida de corrupción para influir en las decisiones estatales. En el Perú, esta liga llegó a agrupar a 41 congresistas. Y, precisamente, de ella provienen muchos de los miembros de la mencionada comisión investigadora. Sin lugar a dudas, aquello anula toda independencia del citado proceso. Porque quienes debían examinar los contratos firmados con empresas chinas era, simultáneamente, aquella proporción mayoritaria de congresistas orientada a estrechar vínculos con el país involucrado. La metáfora del “gato de despensero” es, pues, la descripción perfecta para este diseño mafioso que se autoanula. El caso del congresista Héctor Valer, presidente de dicha comisión, es ilustrativo. Su membresía en la Liga de Amistad Peruano-China plantea un serio conflicto. Igual ocurre con parlamentarios como César Revilla o Diego Bazán, este último beneficiado con un viajecito invitado por el Partido Comunista Chino. Esta coyuntura se torna todavía más preocupante, cuando se confirma que el expresidente del Congreso, José Jerí, primero fue vicepresidente de la comisión investigadora; luego se incorporó a esa liga; y, finalmente, siendo titular del Parlamento archivó la investigación sobre los contratos cuestionados. Esta indignante secuencia de hechos lo confirma todo. Ahora, esa liga la preside el congresista Luis Cordero Jon Tay, también integrante de la Cámara Perú Asia-Pacífico, vinculada tangencialmente al episodio “ChifaGate” de Jerí. Igual acumulación de coincidencias refleja el patrón de corruptela que envuelve a todo nuestro Legislativo. El problema no es la relación con China, nación con la cual el Perú mantiene vínculos comerciales como con los otros países. El problema es esta corrupción disfrazada de comisión investigadora nada menos que del primer poder del Estado, para rastrear un asunto de severísimo impacto sin que medien interferencias ni corruptelas. Al renunciar tan escandalosamente este Parlamento a la imparcialidad, optando por la corrupción, la mayoría congresal confirma su entraña corrupta. Necesitamos instituciones que investiguen rigurosamente, no comisiones diseñadas para absolver y multiplicar la corrupción. La confianza ciudadana jamás se recuperará con discursos, sino con gente moralmente calificada. Y esa cualidad la tiene, exclusivamente, un puñado de congresistas a quienes, precisamente, la mayoría corrupta del poder Legislativo la mantiene marginada.
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