Keiko sin máscara: discurso nuevo, las mismas manos de siempre
El mensaje a la Nación de Keiko no marca un inicio, sino una estrategia: borrar la memoria del país. Es un discurso prolijo, cargado de cifras, dramatismo y promesas, pero vacío de lo esencial: verdad política. Aquí no hay un punto de partida, sino reciclaje. Cuando habla de “un Estado debilitado por la improvisación”, omite lo evidente: ella y su entorno fueron parte activa de esa misma maquinaria. No es una espectadora que llega a ordenar el caos, sino una protagonista que ahora pretende deslindar responsabilidades sin asumir ninguna. Sin autocrítica no hay autoridad; sin autoridad, no hay liderazgo: hay impostura. Invocar a Dios para iniciar un mandato no es fe: es evasión. Gobernar no es encomendarse, sino responder. Cuando el país cae, no responde el cielo: responde quien........
