Hegemonía parlamentaria
Ha ce más de 10 años, los peruanos somos testigos de una lucha sin cuartel entre dos modelos de representación política, que se encuentran en pugna por tomar el control de la administración de los diferentes intereses ciudadanos. Tras un largo ciclo de casi 200 años de presidencialismo triunfante, hoy podemos decir que la última década se vio largamente superado por un parlamentarismo emergente que hoy comienza a dictar las nuevas reglas del juego político. La sucesión de vacancias presidenciales, que ya trituró a nueve presidentes, es vista por los analistas tradicionales como una crisis permanente que afecta la “institucionalidad democrática”. Pero en realidad estamos viendo el nacimiento de una nueva normalidad en la representación del poder, donde el Parlamento tiene la sartén por el mango en la definición de nuestra hoja de ruta. Sea un proceso anómico —según defensores del presidencialismo— o un proceso emergente —según promotores del parlamentarismo—; lo cierto es que los nuevos tiempos exigen cambios normativos en el ejercicio del poder. Quienes somos especialistas en Asuntos Públicos y hacemos ciencia social, no podemos calificar los procesos como buenos o malos. Eso no es ciencia. Constatamos su aparición e identificamos su impacto en la sociedad peruana. Si comparamos este proceso con otros similares vividos en el mundo, podemos animarnos a decir que en los próximos años veremos disminuir aún más las competencias de la figura presidencial, reduciendo su acción a temas de defensa y política exterior, aunque su figura ahora sí será intocable, con el objetivo de recuperar estabilidad y preservar la elección democrática del voto popular. No ocurrirá lo mismo —por cierto— con la figura del primer ministro, cargo que sí será inestable y dependerá de una permanente negociación entre partidos políticos con representación parlamentaria. Estos serán quienes decidirán su suerte en un futuro no tan lejano. Si la tendencia de los últimos 10 años se confirma, la gobernabilidad del país dependerá, indiscutiblemente, del accionar parlamentario. A muchos puede asustar estos inicios conflictivos del parlamentarismo peruano en formación, pero como todo macroproceso social y político requiere un tiempo de adaptación y estabilización, para luego mostrar virtudes y defectos. Si el régimen parlamentario, hoy hegemónico en el país, resuelve rápidamente la volatilidad de la presidencia de la República que hoy nos agobia, habrá dado un paso fundamental para consolidar su hegemonía en el poder, más aún si la renaciente bicameralidad soporta estos aires de reforma política que, al parecer, ya se encontrarían a la vuelta de la esquina.
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