La necesidad de una reforma tributaria integral |
El Perú vuelve a asomarse a una encrucijada que ha marcado buena parte de su historia económica: cómo financiar un Estado cada vez más exigido sin comprometer la estabilidad fiscal ni ahogar la actividad productiva. El aumento sostenido del gasto fiscal corriente, el incremento de la informalidad, la presión de nuevas obligaciones aprobadas por el Congreso, la persistencia de déficits fiscales —ver gráfico 1— y el incremento de la deuda pública han reinstalado con fuerza una pregunta de fondo: si el sistema tributario actual todavía es capaz de sostener las necesidades del país. En este escenario, hablar de una reforma tributaria integral ya no es una consigna técnica, sino una necesidad política, económica y social.
La historia tributaria del Perú es, en buena medida, la historia de cómo un territorio vasto y diverso ha intentado financiar su vida colectiva a través de los siglos. Desde las formas de reciprocidad del Tahuantinsuyo hasta los desafíos de la economía digital contemporánea, el tributo ha sido un espejo de nuestras tensiones, aspiraciones y fracturas. Ha sido, según la época, un mecanismo de cohesión, un instrumento de dominación, una herramienta de modernización o un símbolo de crisis. Y hoy, más que nunca, se convierte en un espacio donde se juega la posibilidad de construir un país más justo, eficiente y humano, que otorgue igualdad de oportunidades para todos, manteniendo las reglas de mercado y la independencia del BCRP.
La tributación en la era previa a la independencia
En el Imperio incaico, el tributo no era un pago monetario, sino un sistema de trabajo colectivo. La mita, la minka y el ayni articulaban producción, redistribución y solidaridad. El Estado inca administraba excedentes, almacenaba alimentos y organizaba obras públicas. El tributo era parte del tejido social, no una imposición externa.
Con la llegada de los españoles, ese equilibrio se quebró. El tributo indígena, las encomiendas, los repartimientos y los monopolios reales transformaron la contribución en un mecanismo de extracción. La fiscalidad virreinal no buscaba ciudadanía, sino obediencia. Las Reformas Borbónicas del siglo XVIII modernizaron la administración, pero endurecieron la presión fiscal y reforzaron la centralización.
La tributación en la era republicana
La independencia no significó una ruptura inmediata con esa tradición. El joven Estado republicano heredó una economía devastada, una administración débil y una sociedad profundamente desigual. El tributo seguía siendo visto como una carga, no como un pacto. El auge del guano y del salitre, a mediados del siglo XIX, dio al país ingresos extraordinarios, pero también fomentó la ilusión de que el Estado podía vivir de la renta de los recursos naturales sin necesidad de construir una base tributaria sólida. Cuando llegó la Guerra del Pacífico, el Perú se encontró sin instituciones fiscales fuertes, sin reservas y sin capacidad de respuesta.
El Oncenio de Leguía introdujo innovaciones importantes, como la Caja de Depósitos y Consignaciones —una institución semiprivada que buscaba profesionalizar la gestión de fondos públicos— y el Impuesto de Conscripción Vial, que obligaba a los ciudadanos a contribuir con trabajo o dinero para la construcción de carreteras. Sin embargo, la crisis de 1929 y la caída del régimen truncaron ese impulso modernizador.
La reconstrucción posterior fue lenta y accidentada. Durante los gobiernos de Sánchez Cerro y Óscar R. Benavides, se intentó reorganizar la administración fiscal, pero el país seguía atrapado entre la informalidad, la baja........