¿Más inversión o incremento de productividad? |
Durante buena parte de las últimas décadas, el debate económico peruano ha girado alrededor de una afirmación aparentemente indiscutible: para que el Perú vuelva a crecer a tasas elevadas necesitamos recuperar la inversión. La frase se repite cada vez que las cifras de crecimiento decepcionan. Se reclama más inversión privada, más inversión pública, mayor ejecución presupuestal, destrabar proyectos mineros, acelerar las asociaciones público-privadas y recuperar la confianza empresarial. Todo ello es importante. Pero detrás de esta discusión existe una pregunta más profunda que rara vez formulamos: ¿es realmente la cantidad de inversión lo que determina, en última instancia, el crecimiento y el desarrollo de nuestra economía?
La teoría económica y la experiencia internacional sugieren una respuesta bastante más compleja. La inversión importa mucho, pero no toda inversión tiene el mismo efecto sobre el desarrollo. Importa cuánto se invierte, pero también dónde, cuándo y cómo se invierte. Importa cuánto capital se acumula, pero importa aún más la eficiencia con que ese capital se combina con el trabajo, el conocimiento, la salud, la educación, la infraestructura, la tecnología y las instituciones existentes. En otras palabras, importa la productividad.
El punto de partida para entender esta diferencia es probablemente una de las ecuaciones más conocidas de la teoría moderna del crecimiento: Yt = At KtaLt(1-a) donde Yt representa el producto de la economía (PBI), Kt el stock de capital, Lt el factor trabajo, “a” la elasticidad del producto respecto del capital y At aquello que los economistas denominamos Productividad Total de los Factores, o PTF.
Detrás de esta fórmula relativamente sencilla se encuentra una distinción crucial para la política económica. Una economía puede crecer porque tiene más máquinas, carreteras, fábricas, minas, puertos, viviendas y equipos (K). Puede crecer además porque incorpora más trabajadores o porque esos trabajadores tienen mayor educación y capital humano (L). Pero también puede crecer porque consigue utilizar mejor los recursos que ya posee. Esa tercera fuente del crecimiento está asociada a la evolución de la productividad (A).
Precisamente esa es la gran enseñanza de la tradición iniciada por el premio Nobel Robert Solow. La acumulación de capital (inversión) es indispensable para crecer, pero está sometida a rendimientos decrecientes. No basta indefinidamente con añadir máquinas, edificios o infraestructura por trabajador. Para mantener un aumento sostenido del producto por habitante se necesita que aumente también la productividad con la que se combinan los factores.
Medir la productividad no es sencillo
Aquí aparece, sin embargo, una dificultad fundamental. El capital, el trabajo y especialmente la productividad no son variables que puedan medirse sin controversia. El PBI es observable mediante las cuentas nacionales y la población ocupada puede estimarse mediante encuestas de hogares y registros administrativos como la planilla electrónica. El stock de capital ya resulta bastante más difícil. Y medir directamente la Productividad Total de los Factores es virtualmente imposible.
En la práctica, la PTF es fundamentalmente un residuo. Es decir, después de contabilizar cuánto del crecimiento del PBI puede atribuirse al aumento del capital y cuánto al aumento del trabajo, aquello que queda sin explicar se atribuye al aumento de la PTF.
Por esta razón, un error en la medición del capital o del trabajo termina necesariamente convirtiéndose en un error en la PTF. La productividad es, por construcción, extremadamente sensible a cómo midamos los demás componentes de la función de producción.
Una de las fuentes internacionales más importantes para estudiar estos fenómenos es la Penn World Table 11.0 (PennTables). Su última versión disponible cubre 185 países desde 1950 hasta 2023 e incorpora información sobre ingreso, producto, insumos y productividad. Su última versión fue publicada el 7 de octubre de 2025 y utiliza 2021 como año de referencia para distintos agregados.
El difícil problema de medir el capital
Uno de los problemas clásicos de la contabilidad del crecimiento es que la inversión anual puede observarse con relativa facilidad, mientras que el stock de capital existente no. El método tradicional consiste en reconstruir ese stock acumulando inversiones pasadas y descontando la depreciación. En su expresión conceptual más sencilla Kt 1 = (1 – dt)*Kt It donde It representa la inversión y dt la tasa de depreciación.
Aparentemente el problema está resuelto. Sin embargo, inmediatamente aparecen dos dificultades: necesitamos conocer el stock de capital al comienzo de la serie y necesitamos estimar cuánto se deprecia cada año. Cuando no disponemos de ese stock inicial, este debe ser aproximado. Cuanto más larga sea la serie histórica utilizada, menor será gradualmente el peso del supuesto inicial, pero aparecen entonces otros problemas relacionados con la calidad y comparabilidad de las estadísticas históricas.
Algo similar ocurre con la depreciación. Una máquina utilizada intensivamente no necesariamente se deprecia igual que una máquina que permanece ociosa durante una recesión. La depreciación económica depende de la composición del capital, de su edad, de su intensidad de utilización y de cambios tecnológicos. Suponer simplemente una tasa constante a lo largo de varias décadas es una simplificación útil, pero sigue siendo una simplificación, especialmente cuando suceden recesiones, desastres naturales o una pandemia.
Por eso no hay que confundir homogeneidad........