Idilio |
“Solo me alienta el deseo divino de hacerte mía/ Mas me destruye la incertidumbre que estoy pasando/ Es que la nieve cruel de los años mi cuerpo enfría/ Y se me agota ya la paciencia por ti esperando…” En las afueras de la catedral de San Basilio en Nueva York, una multitud espera la salida del féretro de Willie Colón, tras una misa de cuerpo presente. Decenas de trombonistas aguardan con contenida emoción, hasta que el ataúd aparece ante las famosas escaleras de cuatro peldaños y entonces comienza a sonar ese ritmo mágico… “Que a besos yo te levante al rayar el día/ Y que el idilio perdure siempre al llegar la noche/ Y cuando venga la aurora llena de goce/ Se fundan en una sola tu alma y la mía…” En los años 70, Willie Colón empezó la revolución de la salsa Junto a Larry Harlow, Johnny Pacheco y Bobby Valentín, grabó el álbum en vivo Fania All Stars at the Cheetah que convirtió a la salsa en un fenómeno musical mundial, al compás de las manos de Tito Puente, y las inconfundibles voces de Eddie Palmieri, Ricardo Ray y Bobby Cruz. “Soñando contigo/ Queriendo que se cumpla nuestro idilio/ A veces me voy a un rincón/ Y me quedo en el vacío sufriendo por ti, amor mío…” La salsa es un ritmo hierático. Oscuros dioses suenan en los timbales y se asoman en los conjuros para cantar y bailar en la áspera vida. Sus raíces más hondas son africanas y cubanas. Los tambores de la esclavitud acompañando los cantos de la religión Yoruba: Babalú Ayé y Santa Bárbara bendita, Egua Babalú Egua, el orisha de las enfermedades contagiosas que Nicolás Guillén recordó en su poema El Apellido: “¿Sabéis mi otro apellido, el que me viene/ De aquella tierra enorme, el apellido/ Sangriento y capturado, que pasó sobre el mar/ Entre cadenas, que pasó entre cadenas sobre el mar?” El profundo latido de la salsa se escucha también en el mambo, el danzón, el cha cha chá, la guaracha, el son montuno, la rumba, el merengue y tal vez en otros ritmos que bailaron los hombres y las mujeres al lado del fuego recién descubierto. “Te llama mi corazón/ Soñando contigo/ Queriendo que se cumpla nuestro idilio/ Y verás lo lindo que es el amor/ Cuando se quiere de verdad no existe duda/ No existe rencor/ Solo un corazón que es para los dos…” El “malo del Bronx” ha muerto. “¡Guapea, Willie Colón!”
Jorge.alania@gmail.com
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