El regreso del proteccionismo: una apuesta riesgosa

El reciente giro hacia políticas comerciales más agresivas por parte de Donald Trump vuelve a poner sobre la mesa un debate que muchos creían superado: ¿es el proteccionismo una solución viable en un mundo interdependiente? Con nuevos anuncios de aranceles y restricciones a las importaciones, Estados Unidos parece decidido a reescribir las reglas del comercio global. El argumento detrás de estas medidas no es nuevo. Se sostiene que imponer barreras comerciales protege la industria nacional, genera empleo y reduce la dependencia externa. Sin embargo, la historia —desde la Gran Depresión hasta las tensiones comerciales recientes— demuestra que estas políticas suelen provocar represalias, encarecer productos y ralentizar el crecimiento económico. Lo preocupante no es solo el contenido de estas decisiones, sino el contexto en el que se producen. El sistema multilateral de comercio, representado por instituciones como la Organización Mundial del Comercio, atraviesa un momento de debilidad. En lugar de reforzarlo, estas medidas lo erosionan aún más, incentivando a otros países a adoptar políticas similares. El resultado es un efecto dominó que puede fragmentar el comercio global en bloques enfrentados. Para economías como la peruana, altamente dependientes de las exportaciones, este escenario representa un riesgo significativo. Menos acceso a mercados y mayores costos logísticos pueden traducirse en menor crecimiento, menos inversión y pérdida de competitividad. En un mundo donde las cadenas de suministro son globales, cerrar fronteras no fortalece, sino que aísla. No se trata de negar que existan problemas en el comercio internacional. La competencia desleal, los subsidios ocultos y la dependencia excesiva de ciertos mercados son desafíos reales. Pero la solución no pasa por levantar muros económicos, sino por negociar mejores condiciones, diversificar socios comerciales y fortalecer la innovación interna. El retorno del proteccionismo es, en el fondo, una respuesta política a preocupaciones legítimas, pero mal canalizada. Apela al corto plazo, al impacto inmediato, pero ignora las consecuencias estructurales. En lugar de corregir las fallas del sistema, corre el riesgo de agravarlas. La gran pregunta no es si estas medidas funcionarán en el corto plazo, sino qué costo tendrán en el largo. Porque, en economía, como en política, las decisiones que parecen firmes hoy pueden convertirse en los problemas del mañana.

Mira más contenidos en Facebook, X, Instagram, LinkedIn, YouTube, TikTok y en nuestros canales de difusión de WhatsApp y de Telegram para recibir las noticias del momento.

📲 Noticias a tu WhatsApp

Presiona AQUÍ y únete a nuestra comunidad 'Noticias al instante'.


© Expreso