El compromiso del APRA con el magisterio |
Hablar de educación es hablar del futuro del Perú. Y hablar del futuro del Perú es hablar, necesariamente, del magisterio. No existe reforma educativa posible sin justicia laboral para los docentes, sin condiciones dignas para enseñar y sin reconocimiento real al rol que cumplen en la formación de nuestras próximas generaciones. El compromiso del APRA con el magisterio no es retórico; es concreto y programático. El primer acto de justicia es saldar las deudas pendientes. Proponemos el pago del 30 % por preparación de clases a todos los docentes y auxiliares a nivel nacional, sin judicialización. No puede seguir siendo el maestro quien tenga que demandar al Estado para que este cumpla con una obligación reconocida. El respeto comienza por honrar la palabra y por cumplir la ley. Asimismo, planteamos la reposición de los directivos injustamente retirados en 2015 y la evaluación de los cargos directivos cada cinco años bajo criterios transparentes y técnicos. La estabilidad debe ir de la mano con la meritocracia. Ni arbitrariedad política ni perpetuidad sin evaluación: lo que corresponde es institucionalidad y reglas claras. Proponemos también una pensión digna para docentes y auxiliares cesantes. Quien dedicó su vida a educar no puede terminar en la precariedad. La deuda social con el magisterio no es una cifra en un expediente; es una obligación moral del Estado. Pero la calidad educativa no depende solo de remuneraciones. Depende también de condiciones reales en el aula. Planteamos el incremento de plazas de auxiliares —uno por aula en Inicial y creación de plazas en Primaria—, así como la incorporación de docentes de Inglés y Educación Física desde los primeros niveles. Si queremos formar ciudadanos competitivos y saludables, debemos empezar desde la base. Además, proponemos ampliar el personal administrativo y de servicio: guardianía, bibliotecas, laboratorios y personal oficinista con estabilidad laboral. La escuela no es solo el aula; es una comunidad educativa que requiere soporte integral para funcionar adecuadamente. La educación pública debe responder también a la diversidad de nuestros estudiantes. Proponemos la incorporación de psicólogos, terapistas de lenguaje y terapistas físicos en las instituciones educativas públicas, garantizando atención adecuada a estudiantes con habilidades especiales dentro de sus propias escuelas. La inclusión no puede limitarse a normas escritas; debe reflejarse en profesionales presentes y preparados. Miles de escuelas en el país operan con infraestructura deficiente y sin saneamiento físico-legal. Proponemos mayor presupuesto para infraestructura, equipamiento y regularización legal de las instituciones educativas públicas. No podemos exigir calidad donde no existen condiciones mínimas de seguridad y funcionalidad. Revalorar al maestro implica invertir en su formación. Impulsaremos un programa nacional de segunda especialización, maestrías y doctorados financiados por el Estado, acompañado de bonificación por preparación académica. Además, cada docente contará con una laptop como herramienta básica de trabajo en un sistema que debe integrarse plenamente a la era digital. Invertir en educación es apostar por el Perú. Y reconocer al magisterio es reconocer que el desarrollo empieza en el aula. El APRA asume el compromiso de construir un sistema educativo donde el maestro sea respetado, reconocido y respaldado. Porque sin dignidad docente no hay calidad educativa, y sin calidad educativa no hay futuro para el Perú.
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