Misterios del país

Lo que sigue no es que me haya vuelto historiador, sino que fue ayer y sí me acuerdo. Hace buen tiempo, no mucho, en la gestión del presidente Alejandro Toledo, unos facinerosos secuestraron a la esposa de uno de sus predilectos amigos. Como era de esperar, tal delito indignó a la población, al margen de afinidades políticas, y desde luego mucho más al propio gobernante. Alejandro Toledo, reaccionando, emplazó a la Policía a rescatar a la dama secuestrada en el término de 48 horas. Y… ¿qué creen? Se rompió el misterio o se hizo un milagro. Los policías que recibieron la orden pusieron sus glúteos a correr para dar con el secuestro y liberar a la dama. Lo consiguieron mostrando gran efectividad y seguimiento científico, como ellos llaman a la acción cuando deciden ejecutar una orden. Gran algarabía, como en el cuento: todos contentos y felices. Se desviaron los flashes y los periodistas, junto a los policías, regresaron a sus labores. Pero de los secuestradores, del móvil —si la intención fuera dinero u otra deleznable razón— quedó el misterio. No se dio cuenta de responsables o si uno de aquellos fuera apresado. ¡Misterio! La referencia anterior viene a la mano, pues hay todavía más de un otro misterio por resolver. Al misterioso fugitivo Vladimir Cerrón —el mismo que diariamente está en cinta arengando a sus secuaces, cuando no insultando a otras fuerzas políticas, con cachimba incluida— se le permite, cobarde y escondido, soltar diatribas a sus antiguos compinches. De paso, suelta uno que otro mensaje al medallista policial Arriola: “Que estoy en el Perú”. Lo dice para refrendar a Arriola que no mienta, que no invente viajes al exterior. “Estoy aquí”, recalca. Entonces, vueltos a preguntar: ¿por qué no atrapan a V. Cerrón? ¿Cuál es el misterio? Si por ventura el tío que está en la Quinta de Pizarro se animara a soltar una reconvención análoga a la que dirigiera Toledo, surge la pregunta: ¿obedecerá Arriola para poner sus glúteos a correr y dar con el escondido Cerrón? Otra hipótesis es que el tío no se atreva a reconvenir a nadie. Sigue el misterio. Pero… ¿y de los otros? Silva, por ejemplo, o uno que otro gamberro pariente del sombrerón Castillo. A ninguno busca o persigue Arriola, lo cual es otro misterio. Para hacer más complicado el misterio, un medallista dice que el fugado Silva no está en el país. Luego, otro medallista, reclamando pantalla, desmiente al anterior: que eso no es cierto, pues “no consta que haya salido del país”, afirma. Cierro.

Por Arturo Benjamín Berdejo Vera

Mira más contenidos en Facebook, X, Instagram, LinkedIn, YouTube, TikTok y en nuestros canales de difusión de WhatsApp y de Telegram para recibir las noticias del momento.

📲 Noticias a tu WhatsApp

Presiona AQUÍ y únete a nuestra comunidad 'Noticias al instante'.


© Expreso