El poder de la palabra
La historia de muchos países se ha decidido con base en la palabra pronunciada en podios, micrófonos y balcones. Los discursos han salvado naciones… y otros las han empujado al abismo. Una palabra puede motivar a una nación para bien o para mal, y el discurso político debe reconocerse como poder en estado puro. En 1940, cuando Europa parecía perderlo todo durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Winston Churchill ofreció resistencia: “No tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”, y luego: “Lucharemos en las playas… nunca nos rendiremos”. Una muestra clara de liderazgo. Del mismo modo, y en el mismo año, Charles de Gaulle, desde el exilio, sostuvo una nación con una sola idea: “Francia no está sola”. En 1963, Martin Luther King Jr. nos presentó una visión: “I have a dream” (en........
