Gobernar en tiempos de guerra. Por Sergio Muñoz Riveros
Habrá que afinar los planes de gobierno en función de la posible evolución del conflicto y los riesgos probables. Lo que no puede ocurrir es que La Moneda crea que las cosas siguen siendo como hace un mes, o que estamos lejos de la guerra y no hay nada que temer.
Se ha vuelto a comprobar que lo imprevisto puede estar a la vuelta de la esquina. A comienzos de febrero, era dable pensar que el gobierno de Kast podía abrir una fructífera etapa en la vida del país, pero han aparecido negros nubarrones en el mundo como consecuencia de la guerra desatada por EE.UU. e Israel contra Irán, y que afecta directamente también a Líbano y los países del Golfo Pérsico. Al cabo de tres semanas, la muerte y la devastación están a la vista, como también los efectos geopolíticos y económicos.
Los antecedentes disponibles indican que puede sobrevenir un cuadro de recesión global. La violenta alza del precio de los combustibles ya planteó un dilema respecto de si el Estado puede seguir subsidiándolo como hasta ahora, lo cual el ministro de Hacienda no se demoró en descartar. O sea, el alza se traspasará a los consumidores, lo que implica fuertes presiones inflacionarias en muchos campos, incluido el transporte y el precio de los alimentos.
Viene, por lo tanto, una compleja prueba de ductilidad y equilibrio para el nuevo gobierno. La palabra “emergencia” puede adquirir ahora resonancias verdaderamente inquietantes. Lo más importante, huelga decirlo, es “la política”. Es indispensable que el mandatario ponga máxima atención a lo que está pasando en el ámbito internacional, que la Cancillería mantenga........
