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Llegó la hora de la política. Por Pepe Auth

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22.05.2026

Ayer a las 6 de la tarde envié éste mi artículo semanal a Ex-Ante, pero antes de que pasara una hora cayó en los teletipos la noticia del ajuste de gabinete que involucraba la salida de las ministras de Seguridad y Secretaría General de Gobierno. Dejo intacto el texto porque lo que hacía era explicar la necesidad urgente de hacer este cambio. Sólo agregaré un par de párrafos finales para analizar el conjunto del ajuste ministerial.

Transcurridas ya diez semanas desde que asumió el gobierno encabezado por el presidente Kast, es evidente que ya no puede seguir concibiéndose en rodaje. Es un tiempo razonable para evaluar, tanto las apuestas en materia de conformación del gabinete como el diseño de funcionamiento gubernamental.

Es evidente, como lo analizamos aquí la semana pasada, que en materia de diseño, el gobierno debe terminar con la disociación entre el poder real y el poder formal en la conducción y control político del gabinete, lo que parece haber iniciado su curso, al igual que el proceso de desarrollo de contrapeso político interno al poder incontrarrestable de Hacienda para un gobierno equilibrado.

El problema es que el gobierno puede naufragar tempranamente si no hace constatación de sus errores en las apuestas iniciales de conformación de su equipo. Sé que lo habitual es esperar a septiembre, dándoles a ministros, subsecretarios y delegados presidenciales 6 meses de gracia para desenvolverse, probar sus capacidades y dejar en evidencia sus defectos. A excepción de Bachelet, que cambió a los titulares de Interior, Economía y Educación a sólo 4 meses de iniciado su mandato.

Las características excepcionales del gabinete del presidente Kast en cuanto al predominio absoluto de debutantes en la condición de ministros y la mayoría de ellos sin ninguna experiencia en labores de gobierno, sin militancia en partidos ni participación política previa, se explica en parte por la travesía por el desierto que hubo de hacer José Antonio Kast en tres candidaturas presidenciales y la constitución de un partido propio, en ruptura y aislado de la élite de derecha, pero también del entusiasmo que le debe haber provocado la obtención de 58,2% y 7,26 millones de votos, el respaldo electoral más masivo obtenido por un presidente en la historia de Chile.

Sólo la mala lectura del significado de la votación de segunda vuelta, error recurrente en sus predecesores, explica que se haya sentido en condiciones de prescindir de manera casi total de la pléyade de autoridades fogueadas en los gobiernos de Piñera y de partidos y dirigentes de Chile Vamos con nutrida experiencia y trayectoria política. Es lo que explica también la idea de gobernar de una manera distinta, con un ministro de Hacienda sin contrapeso en la conducción económica y un segundo piso a cargo de la conducción y control político.

El problema es que el agua volvió rápidamente a su cauce. Más rápido de lo previsto incluso, por la inesperada e inusitada alza del petróleo generada por la intempestiva decisión de Trump de iniciar una guerra con Irán. No habían transcurrido dos semanas y ya el rechazo superaba el apoyo a la gestión presidencial.

Es que sólo 3,1 millones (23,9%) prefirieron a Kast y su programa cuando tuvo otras alternativas, el voto de segunda vuelta es mayoritariamente de rechazo a la continuidad de quienes gobernaban, una parte significativa no suponía adhesión ni al programa ni al liderazgo de Kast. Le ocurrió a Boric a tres semanas de haber iniciado su mandato. Sin mediar la guerra y sus efectos,........

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