Reforma tributaria: Debate mal enfocado. Por Natalia González

Sin crecimiento no se fortalece ni menos se potencia la dignidad de las personas. Ese debiera ser el marco de la discusión tributaria por venir. Es hora de entender que la paz social y otros menesteres que suelen acompañar este debate no se afirman en la recaudación, sino en el crecimiento sostenido que a su vez genera mayores recursos fiscales.

La discusión sobre la rebaja del impuesto de primera categoría se ha (mal) centrado en la cuestión de la recaudación.

El eje pareciera estar exclusivamente radicado en cómo compensar la pérdida de ingresos fiscales que ella conllevaría, ingresos que el crecimiento económico no alcanzaría a generar según indican algunos expertos.

Bajo esa perspectiva, a la que muchos se suman, la recaudación aparece como un fin en sí mismo, siendo que no lo es. Al mismo tiempo, el crecimiento, que sí debiera ser el objetivo central, pasa a ser una suerte de propósito de segundo orden; algo así como un invitado que, por no traer agasajos suficientes al dueño de casa (que sería el Estado), queda sentado en la mesa del “pellejo”, mientras la recaudación se sienta en la cabecera.

Enfocar la discusión de esta manera es errado.

En primer lugar, porque el dueño de casa no es el Estado, sino que todos los chilenos, a los que sí nos interesa que el país vuelva a retomar una senda de crecimiento robusta. Nunca debemos olvidar que el Estado está para servir a las personas y no al revés.

En segundo lugar, el enfoque es equivocado porque si bien es relevante preguntarse sobre cómo podríamos compensar la recaudación que se deja de percibir (en aras de la sostenibilidad de nuestras actuales alicaídas arcas fiscales), no debemos perder el norte que lo que se busca es alivianar la carga tributaria y no hacerla más pesada (o generar más distorsiones) como es posible que termine pasando si el foco se pone principalmente en recaudar.

En tercer lugar, cuando se plantea la discusión en torno a la recaudación -como un fin en sí mismo- se pierde de vista el para qué o para quiénes se recauda y bajo qué mecanismos (y la eficiencia de éstos) esperamos que esos recursos recaudados se transfieran a los mas vulnerables y no queden entrampados en el Estado o destinados a los amigos de quienes lo administran.

La discusión que se desorienta respecto del por qué o para qué se recauda permite, por lo demás, que se cuelen por la rendija todo tipo de consignas: la rebaja tributaria beneficiaría a los “más ricos”, y perjudicará a los más vulnerables. Un verdadero re-make de los “poderosos de siempre”, de los “privilegiados” versus los desmejorados, y de los “abusadores versus los abusados”.

En este eje, corolario de alguna manera del primero, la cuestión gira equivocadamente en torno a la monserga de torta finita en la que el desarrollo de unos es la pobreza de los otros.

Y así se (des)dibuja, una vez más, el perímetro de la discusión tributaria. Esa es la cancha en la que un sector del país quiere se dé este debate, lo que a estas alturas no constituye novedad alguna, como así tampoco los (malos) resultados, en términos de desarrollo y progreso, a los que conduce. Jugar el partido en la cancha adversarial arriesga entonces repetir las mismas recetas fracasadas del pasado, a costa de la prosperidad de todos los chilenos. Las personas no quieren más de lo mismo: las últimas elecciones lo han dejado bastante claro.

Novedoso en cambio sería que, tan solo por una vez siquiera, el sector que promueve la rebaja de impuestos en el parlamento sacare la discusión de esa cancha y se sacudiera, además, de la culpa con la que inexplicablemente muchos la enfrentan, para así generar un impacto positivo en la vida de las personas.

Entre tanta reforma tributaria de los últimos años, pareciera ser que lo que verdaderamente necesitamos reformar es la manera en la que la política (transversalmente) se aproximan a estos debates.

La cancha en la que se debe jugar este partido no es otra que la de la prosperidad de todos los chilenos, la que llegará de la mano de la mayor actividad y el dinamismo de la economía que esta rebaja impositiva y un conjunto de otras medidas -orientadas en la misma dirección- generarán. El objetivo es que florezca la inversión, crezcan las oportunidades y el anhelado empleo.

Crecer, y hacerlo rápido, es y ha de ser el fin per se y último para poder satisfacer las necesidades de la población. En Chile muchas personas viven aun en la pobreza, y eso debe movilizarnos con gran sentido de urgencia. Esas personas solo tendrán una verdadera oportunidad de salir adelante, a paso firme, si proliferan las posibilidades que surgen de la mano del crecimiento (no de la recaudación).

Sin crecimiento, no se reducen las inequidades ni habrá movilidad social. Sin crecimiento no puede haber estabilidad macroeconómica ni financiera, ni menos efectos positivos en términos de innovación y desarrollo de capital humano.

En último término, sin crecimiento no se fortalece ni menos se potencia la dignidad de las personas.

Ese debiera ser el marco de la discusión tributaria por venir. Es hora de entender que la paz social y otros menesteres que suelen acompañar este debate no se afirman en la recaudación, sino en el crecimiento sostenido que a su vez genera mayores recursos fiscales.

Crecer es el fin último. Para todo lo demás, están las monsergas y consignas cuyos malos resultados están a la vista. En efecto, ya hemos visto más que suficiente. Es hora de cambiar el eje de la discusión.

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