-¿No te complica el nombre Amarillos, que tenía una connotación negativa, algo así como los que no se la juegan?

-El nombre nace cuando a Cristián Warnken lo funan y le gritan amarillo. Y para explicarle a su hijo qué significaba escribió una columna. Amarillos se transformó en una marca política que tiene varias virtudes. Con mucho orgullo somos personas a los que la ultra nos insulta, porque somos reformistas, rechazamos la violencia y pensamos que los cambios hay que hacerlos con mayorías. Y eso molesta mucho a los mesiánicos que creen que de su acción individual depende el futuro del país. Nunca es así. El nombre Amarillo fue discutido con la gente y una mayoría abrumadora, si no me equivoco el 98%, lo eligió.

-¿Te sientes cómodo siendo amarillo, después de ser ultra en los 70?

-Si uno mira el programa de la UP era súper pasado para la punta. Mi gran cambio nació a partir del juicio crítico del golpe de Estado y la derrota brutal de la UP; junto a la experiencia del exilio, donde comencé a desarrollar, junto a otros, la renovación socialista, revalorizando la democracia y rechazando la lucha armada. Y buscando alianzas más allá de la izquierda.

-¿Cuándo exactamente fue el cambio?

-Nuestras primeras reuniones fueron el 75. Nos preguntamos: ¿Por qué perdimos? ¿En qué nos equivocamos? Fue desgarrador, pero derivó en la Concertación.

-Y ahora Amarillos. ¿Muchos giros en tu vida?

-En esta vuelta los que cambiaron no fuimos nosotros, sino los que se pasaron a la ultraizquierda. Amarillos no es el retorno de la Concertación, esto es otra cosa. La izquierda ultra nos quería convencer que había que eliminar el Senado, tener una actitud ambigua sobre la violencia, regresar a un país estatista. Por supuesto que uno cambia, lo único que no cambia son los relojes detenidos. En el fondo la centroizquierda fue dejada huérfana por las direcciones políticas que alguna vez la lideraron. Ese es el fenómeno que explica el nacimiento de Amarillos.

-¿Participaste en el documento?

-Por supuesto. Fue una escritura colectiva, se redactó un borrador básico, lo discutimos en un grupo y luego recogimos opiniones de toda la red de Amarillos por todo el país.

-¿Qué papel jugó Ernesto Otonne?

-Fue uno de los que estuvo desde el inicio de la discusión, pero decir que es un documento de Otonne es menospreciar el trabajo de cientos sino miles de personas.

-¿Warnken va a ser el presidente del partido, solo en un período de transición?

-Cristián es el liderazgo que tenemos, y a él se le ha pedido que haga una proposición de una primera dirección transitoria hasta que -si se forma el partido- podamos elegir a las autoridades más definitivas. Tener un poeta, un literato, de presidente es una cuestión curiosa que es atractiva. Una de las cosas fundamentales que queremos representar con Amarillos es un tipo de política distinto. De hecho, se llama Movimiento de Amarilos por Chile, porque partió de esa manera y queremos que siga teniendo ese sentido de movimiento, aunque formalmente se convierta en partido.

-¿Este partido va a estar a la derecha del PS?

-Nosotros no somos la derecha ni la izquierda de nadie. Tenemos una declaración de principios, reformista, que nos ubica en el centro o la centro izquierda, no en el mundo de la derecha.

-¿Cuál es la mística de ser Amarillo?

-Este es el único partido que lo que no hace es ofrecer pega. No queremos un estado que sea un botín. Muchos de nuestros adherentes fueron muy maltratados por sus compañeros de izquierda, y los trataron de vendidos, traidores, entregados a la derecha. Entonces, el sentido de ser amarillo se transformó en motivo de orgullo. En el mundo hay colores colorados, blancos, rojos, y Amarillos se hizo un hueco.

-¿Va a ser un partido de oposición al gobierno de Boric?

-No va a ser un partido de gobierno, claramente. En este momento nuestro objetivo fundamental es el mismo con el que partimos: queremos una buena nueva constitución, y para poder concurrir a ese proceso necesitamos inscribirnos en la elección de convencionales. Y después la vida dirá.

-En Amarillos hay gente de mucha trayectoria. ¿Dónde está la juventud?

-Ese argumento fue el típico ataque que hubo al comienzo. Se decía que el grupo de origen había sido muy de elite y efectivamente era cierto. Pero éramos 70. Ahora superamos los 65 mil adherentes en todas las regiones de Chile. Se van a sorprender con la cantidad de mujeres, de jóvenes, de regiones, que va a estar en cargos de dirección de Amarillos. Todos esos prejuicios van a caer absolutamente. No es un partido generacional. La lógica generacional está desprestigiada. El gobierno generacional que tenemos tiene baja aprobación. No despreciamos ni a los viejos ni a los jóvenes.

-¿Lamentas que gente como Ximena Rincón no haya ingresado?

-El capital fundamental son los millones que votaron Rechazo atraídos por el discurso de Amarillos. Ojalá más DC hubieran estado en Amarillos. Si quieren recuperar la DC o formar una fuerza distinta, están en su derecho. Nos vamos a encontrar en el futuro en el camino. Además, que exista más de un partido de centro izquierda es interesante, para poder incluir a independientes en las listas de convencionales. No lo descartamos.

Tengo esperanza que gente como Javiera Parada, Felipe Harboe se sumen; serán recibidos con los brazos abiertos. Y si no se quieres sumar, son compañeros de ruta para adelante con los cuales podremos contar.

-Amarillos en su política de alianzas, ¿lo ves que se junte con RN?

-No hemos discutido con quién aliarnos. Tenemos que juntar firmas para ver si podemos ser partido o no. Queremos ser un factor de construir acuerdos, más que un factor de diferenciación con los otros. Si nos vamos a diferenciar en algo es en buscar acuerdos, y no seguir con la política polarizada, como la que hoy día sufrimos.

-¿En términos económicos, están más cerca del liberalismo o la socialdemocracia?

-Apoyamos la economía de mercado, regulada por el Estado, con derechos sociales, autonomía del Barco Central, respeto a los equilibrios macroeconómicos. Votar rechazo no significaba que la gente no quería derechos sociales.

-¿En qué se diferencia Amarillos de partidos que ya existen como la DC o el PPD?

-Lo fundamental es que nace de un centro o una centroizquierda huérfana. Las direcciones de esos partidos terminaron subordinados a los sectores radicales de izquierda. Queremos un proceso de saneamiento del la política chilena, que está tremendamente degradada. Y buscar acuerdos con el resto de los partidos, desde la extrema izquierda hasta la derecha.

-¿Cómo se financia?

-En el sitio web puedes hacer aportes, son 65 mil personas que pueden donar desde 5 mil pesos hasta lo que quieran. Así es más fácil financiar un partido, si bien en niveles bastante más modestos que los recursos estatales que se jugaron en el plebiscito.

-¿Donaste?

-Sí, por supuesto.

-¿Se puede saber cuánto?

-No, para qué. Si uno dice van a comentar: qué ratón o mira qué mucho. Un grueso de los Amarillos donamos. Y quienes teníamos la posibilidad de donar más donamos más que otros.

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QOSHE - Óscar Guillermo Garretón: “Amarillos no es el regreso de la Concertación” - Marcelo Soto
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Óscar Guillermo Garretón: “Amarillos no es el regreso de la Concertación”

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24.09.2022

-¿No te complica el nombre Amarillos, que tenía una connotación negativa, algo así como los que no se la juegan?

-El nombre nace cuando a Cristián Warnken lo funan y le gritan amarillo. Y para explicarle a su hijo qué significaba escribió una columna. Amarillos se transformó en una marca política que tiene varias virtudes. Con mucho orgullo somos personas a los que la ultra nos insulta, porque somos reformistas, rechazamos la violencia y pensamos que los cambios hay que hacerlos con mayorías. Y eso molesta mucho a los mesiánicos que creen que de su acción individual depende el futuro del país. Nunca es así. El nombre Amarillo fue discutido con la gente y una mayoría abrumadora, si no me equivoco el 98%, lo eligió.

-¿Te sientes cómodo siendo amarillo, después de ser ultra en los 70?

-Si uno mira el programa de la UP era súper pasado para la punta. Mi gran cambio nació a partir del juicio crítico del golpe de Estado y la derrota brutal de la UP; junto a la experiencia del exilio, donde comencé a desarrollar, junto a otros, la renovación socialista, revalorizando la democracia y rechazando la lucha armada. Y buscando alianzas más allá de la izquierda.

-¿Cuándo exactamente fue el cambio?

-Nuestras primeras reuniones fueron el 75. Nos preguntamos: ¿Por qué perdimos? ¿En qué nos equivocamos? Fue desgarrador, pero derivó en la Concertación.

-Y ahora Amarillos. ¿Muchos giros en tu vida?

-En esta vuelta los que cambiaron no fuimos nosotros, sino los que se pasaron a la ultraizquierda. Amarillos no es el retorno de la Concertación, esto es otra cosa. La izquierda ultra nos quería convencer que había que eliminar el Senado, tener una actitud ambigua sobre la violencia, regresar a un país estatista. Por supuesto que uno cambia, lo único que no cambia son los relojes detenidos. En el fondo la centroizquierda fue dejada huérfana por las direcciones políticas que alguna vez la lideraron. Ese es el fenómeno que explica el nacimiento de Amarillos.

-¿Participaste en el documento?

-Por supuesto. Fue una escritura colectiva, se redactó un borrador básico, lo discutimos en un grupo y luego recogimos opiniones de toda la red de Amarillos por todo el........

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