Bachelet, la bencina y el costo de gobernar. Por Kenneth Bunker

El peor escenario para Kast no es que Bachelet termine ganando la secretaría general de Naciones Unidas sin el apoyo de Chile, que es perfectamente posible. Sería incómodo, pero es manejable. El peor escenario es otro. Es que el gobierno haya absorbido todos los costos de estas semanas, los inevitables y los calculados, sin avances concretos en las áreas críticas que le permitan llegar a tiempo para sostener la recuperación.

La decisión de Kast de no respaldar la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas no debería sorprender a nadie. Pensar que Kast iba a mantener ese respaldo requería ignorar quién es, qué representa y cuál es la naturaleza de su relación con la izquierda chilena. Nadie que haya seguido la política nacional con algo de atención podía haber esperado otra cosa. Y, sin embargo, la oposición igual reaccionó como si hubiera sido traicionada.

La pregunta relevante entonces no es qué hizo Kast, sino por qué la izquierda reaccionó como si fuera una traición. El respaldo a Bachelet no era una obligación de Estado ni un compromiso institucional de Chile como país. Era una decisión política de Gabriel Boric, tomada en el contexto de su propio gobierno y su propia identidad política. Heredar esa decisión no significa estar obligado a sostenerla. Los gobiernos no heredan los compromisos simbólicos de sus predecesores, sobre todo cuando van en la dirección contraria a su propia visión.

El argumento que circuló desde la oposición fue que Kast debió mantener el respaldo por razones de continuidad diplomática y madurez institucional. Es un argumento que suena razonable, hasta que se le aplica la misma lógica en sentido inverso. La pregunta que nadie en ese sector se hizo en voz alta es si Boric hubiese respaldado a Sebastián Piñera para el mismo........

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