Lo Tenemos ‘Hodío’ |
17 de marzo 2026 - 03:07
La capacidad de nuestra clase política para sacarnos una sonrisa es digna de estudio. Siendo un asunto serio, no nos deja otra alternativa —para no alterar los latidos y poder transitar por la realidad— que tomárnoslo a broma.
El ciudadano debe trabajarse mentalmente para resistir a esta clase política. Y tiene su mérito. Bufones políticos hacen sociedades sabias donde la risa no pasa factura y, de paso, evitamos al psiquiatra, que ha quedado para auxiliar a desadaptados que se resisten a integrarse en el nuevo orden. Vivimos en la era postpantalla, previa a la robótica y a la inteligencia artificial. El futuro se diseñó antes y el resultado es el Ecce Homo: una nueva especie legión, cuyos representantes son nuestra actual clase política. Es un fenómeno mundial que, en cada país, se manifiesta de forma tan autóctona como distinta.
Esta evolución está cambiando el sentido de las distintas tipologías de organización política. Las democracias han evolucionado —una vez descubierto que las libertades eran un cuento chino— hacia un sistema en el que se ríe todo el mundo. Los gobernantes se reivindican cual bufones, cada uno en su estilo. Empezó con Boris Johnson, siguió con Trump y seguirán los que vendrán.
En las dictaduras no se ríe nadie. En las autocracias —cuyo ejemplo más a mano son Rusia y China, por citar dos casos— no se ríe ni Dios. Estados Unidos se ha quitado la careta y en Europa aún no nos hemos enterado de que la evolución es imparable. Seguimos con ese rictus serio, cabal, tan europeo, sin atrevernos a dar el paso. Y estamos lejos. Meloni y Abascal están muy lejos de poder ofrecer el espectáculo de Trump. Definitivamente, hemos perdido el tren.
España sigue siendo esa anomalía europea en sentido orteguiano, pero no vamos nada mal. Aquí tenemos un superhéroe que ni ríe ni deja reír. Un Quijote en mitad del páramo manchego que es la anomalía española en su vertiente económica, acompañado de Albares en versión Sancho Panza y Puigdemont en modo Dulcinea del Toboso. Un esperpento representado por un guaperas a quien Von der Leyen, la chica guapa de la clase, no hace caso.
En la oposición no han entendido nada. La única que progresa es Ayuso, con sus pinitos prometedores en la Asamblea de Madrid. Está graciosa últimamente la chica, aunque lo tendrá difícil para desbancar al guaperas, a quien se le aparece la Virgen en los momentos cruciales o convoca elecciones en julio.
Ahora, con el rescate del “No a la guerra”. Sánchez ha mutado en Superman y en Cenicienta. Se fue en un Peugeot y vuelve en un Mystère. Lo tenemos Hodío.
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