De la memoria |
30 de marzo 2026 - 03:08
Ya hace muchos años que dejé de salir desde mi Colegio de los Salesianos, en la avenida Menéndez Pelayo, en La Borriquita. Estoy seguro que mis compañeros de entonces, como toda la gente de mi generación, compartirán conmigo el enorme cambio que la Semana Santa de La Línea ha vivido desde aquellos años 60 en los que empecé a vivirla. Mis primeros recuerdos, después del Domingo de Ramos, están asociados a las entonces tradicionales visitas a los sagrarios de la mano de mis padres y al Medinaceli de nuestra parroquia de Santiago, aquel enorme templo, o así me lo parecía, hoy desaparecido.
El tiempo ha ido convirtiendo a nuestra Semana Santa en una de las más señeras de Andalucía. Sus hermandades son algo más que la relación de sus nombres, unos con una ya larga historia, otros más recientes. Todas ellas forman hoy un tejido vivo que se reparte a lo largo de toda la semana, desde la alegría inicial del día de ayer, pleno de niños y palmas, hasta la sobriedad del Viernes Santo. Cada una de las hermandades aporta al conjunto cofrade linense su identidad propia: unas, luz y júbilo; otras, silencio y recogimiento; algunas muy especiales, el alma de sus barrios. Y todas juntas construyen esa atmósfera tan inconfundible que define nuestra Semana Santa.
Las previsiones del tiempo parecen anunciar que no hay riesgo alguno de lluvia, solo ese fresquito nocturno que es tan propio de nuestra tierra al comienzo de la primavera, que nos permitirá disfrutar de esa seña de identidad tan especial: la Semana Santa que no se cuenta, sino que se respira. Porque parece que tendremos vientos desde todos los puntos cardinales, aunque quizás domine, como debe ser, el levante. La Semana Santa que llega despacio, como la marea que no hace ruido pero que al final lo inunda todo: calles, esquinas, balcones, promesas que se cumplen, perfección de los costaleros, las voces precisas de los capataces, …
Y como no podía ser de otra manera, en La Línea la Semana Santa es también frontera: entre el ruido y la calma; entre lo que un día fuimos y lo que ahora somos; entre la nostalgia del pasado y la esperanza de que lo mejor está aún por venir; entre la memoria de los que ya no están y el milagro de los que empiezan a construir su vida.
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