menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Pinchacito y a la Feria

3 0
yesterday

25 de abril 2026 - 03:08

Me cuenta una amiga médico estético que la semana del 13 de abril se le llenó la consulta de coquetones que a la Feria de Sevilla querían llegar tersos como neonatos. Pinchó, dice, a ritmo de producción de fábrica asiática, y claro que se endosó más cuartos que el costurero explotado de ojos rasgados. He dicho coquetones, no coquetonas, pues en el asunto de la coquetería se ha reducido una brecha de género que resultaba ser inversa. Iba hace 20 años el hombre metrosexual por las calles luciendo piel hidratada, camisa abierta y pecho afeitado, y va hoy por el albero, pues parece que aquello resulta ya demasiado convencional, luciendo mandíbula de titán como Mr. Handsome.

Ya sé yo lo que es anhelar unos maseteros bien fornidos y un mentón prominente, pues la genética me ha regalado, por el momento, una cabellera frondosa pero una barbilla a medio hacer. La oculto con una barba también como perezosa, de moro, que estos días a uno le hace sentirse algo orgulloso frente a quienes ante al espejo se ven como Felipe el Hermoso cuando en realidad este le muestra más bien un Abderramán II.

Hay ya mucho de tolerancia entre quienes van a repasarse el gepeto, y desde luego entre aquellos que por el Real se pasean como si acabasen de visitar la clínica de rayos de Trump. Pero es una pena, oiga, porque el anhelo y el deseo quedan anulados. A golpe de pinchazo hoy lo tiene uno todo: la mandíbula de Jacob Elordi, los pómulos de Brad Pitt y, si se quiere, hasta el rabo de Fernando VII. No se puede vivir así, como si en la Feria o en una boda el personal acabase de aterrizar de Honolulu, desafiando la obra de los días grises del otoño o el desarrollo fetal del sagrado vientre de la madre. Va por la vida el menda presumiendo de originalidad, de personalidad única, de ser muy suyo, pero acude al centro de estética a que le pongan como todos. Pierde bastante gracia esto de vivir con una homogeneidad de neurotoxina en la jeta, como si fuéramos un personaje predeterminado de los Sims, y gana bastante de fatalidad, pues vamos a extender entre nuestros hijos sospechas de adulterio cuando estos, ante el espejo, se descubran una inexorable nariz de tucán y un pene diminuto.

También te puede interesar

Única prioridad: llegar al poder

Pinchacito y a la Feria

Volatilidad de los mercados: una ‘fiesta’ que no todos esperan

'Curso sobre El Quijote': un clásico del que todos hablan, pero pocos leen

Castellar de la Frontera, de enclave musulmán a villa de señorío (siglos X-XV)

Las dudas sobre el Acuerdo de Gibraltar de los agentes sociales


© Europa Sur