Una distopía verosímil
22 de marzo 2026 - 03:09
Aveces, la obtención de un Óscar no es garantía alguna de que la obra agraciada sea la mejor del año (incluso ni siquiera de que sea una buena película) y, por el contrario, la historia del cine demuestra que son muchas las obras maestras que han sido ignoradas por Hollywood, Centauros del desierto, Vértigo, Alien, 2001, una odisea del espacio, Reservoir Dogs, Desayuno con diamantes o Cadena perpetua son películas extraordinarias que pasaron desapercibidas ante los miopes ojos de los académicos.
En la reciente edición de los premios Óscar era esperable la presencia de Katryn Bigelow, la directora californiana que tras mostrar su descarnada visión de la guerra de Irak con En tierra hostil, filmar la búsqueda, captura y ejecución de Bin Laden en La noche más oscura y reflejar los disturbios racistas de 1967 en Detroit, continua exponiendo la crónica de la historia reciente de los Estados Unidos en Una casa llena de dinamita, donde pone al día la amenaza nuclear que sustentó la Guerra fría.
Partiendo del inquietante supuesto de que un misil nuclear puede impactar en suelo estadounidense devastando una ciudad como Chicago y provocando la muerte de nueve millones de personas, Bigelow construye un film sensacional apoyado en un guion tan detallado como verosímil. La historia se centra en el factor humano y su influencia en la toma de decisiones. Bigelow rueda los 19 minutos críticos que median entre la detección de un misil lanzado desde un lugar indeterminado y el momento de su impacto (toda vez que fracasan los intentos de derribarlo).
Lo hace desde tres puntos de vista distintos: la capitana al mando de la Sala de Crisis de la Casa Blanca; el general del Centro de Mando Estratégico y el del presidente de los Estados Unidos, obligado a tomar una decisión a pesar de verse superado por las circunstancias. Sin señalar culpables, la directora nos muestra las deficiencias de un sistema tan imperfecto como las personas que lo han diseñado: “Cincuenta mil millones de gasto, y al final nos la jugamos a cara o cruz”, dice el secretario de Defensa antes de decidir si responden o no al supuesto ataque nuclear. Teniendo en cuenta el poco juicio de quien ocupa la Casa Blanca y la inconsistencia mental de sus adversarios resulta aterradora la frase: “hicimos una casa, la llenamos de dinamita y nos fuimos a vivir en ella”.
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