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Frankenstein

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15.03.2026

15 de marzo 2026 - 03:08

Cualquiera que escuche la frase: “España tiene un Gobierno Frankenstein”, entiende sin ningún problema su significado, esto es, que estamos en manos de un presidente –Sánchez– que encabeza un gabinete de ministros hecho de retales ideológicos, de trozos inconexos y deslavazados de doctrinas políticas; un insólito conglomerado de facciones heterogéneas y contradictorias que, como todos sabemos, encuentran en su beneficio propio la única razón para tan aberrante asociación.

Lo llamativo es que baste una sola palabra para que todo el mundo comprenda un concepto en principio tan enrevesado. Víctor Frankenstein es el científico suizo protagonista de la novela Frankenstein o el moderno Prometeo, un ejercicio de narrativa terrorífica escrito en el lluvioso y aburrido verano de 1816 por la joven Mary Shelley mientras pasaba sus vacaciones a orillas del lago Leman junto a Lord Byron y a su futuro marido, el poeta Percy B. Shelley. La novela narra el dilema del Dr. Frankenstein, incapaz de controlar las consecuencias de su audaz experimento para crear un humanoide, cuyo aspecto físico horrible provoca el rechazo de la gente. Para vengarse, el monstruo mata al hermano de su creador, a su amigo y a su propia novia (el día de su boda). Perseguido por Frankenstein, llegan al Polo Norte, en donde el científico fallece por extenuación y el monstruo se inmola en una pira.

Es imposible separar la novela del contexto científico de su época, los autómatas hacían furor en las cortes europeas y las promesas científicas y los cambios tecnológicos que acompañaron a la Revolución Industrial alentaban especulaciones futuristas. La autora mezcla los descubrimientos científicos con unos toques de magia para dar vida con una descarga eléctrica (spark of life) a una grotesca criatura.

Sería en Hollywood donde se magnificarían espectacularmente las virtudes de la novela. En 1931 James Whale rueda Frankenstein con el explícito subtítulo de The Man Who Made a Monster con Boris Karloff dando vida al monstruo e iniciando una saga que ha llegado hasta nuestros días. Curiosamente, pronto, el público transfirió el nombre del científico al monstruo que creó. Tal como en España, el monstruo (el presidente) es el creador y la criatura (los españoles) somos sus víctimas.

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