Derrota y agonía ridícula |
MADRID 2 Jun. (OTR/PRESS) -
Toda derrota tiene un aroma heroico, y toda agonía suscita admiración y piedad. Sin embargo, cuando un político como Pedro I, El Mentiroso, opta por prolongar la derrota en incómodos plazos, e invita al espectáculo de una agonía negada con triunfalismos tan inexistentes como las conjuras inventadas, convierte la despedida en un espectáculo ridículo que sólo puede nacer de un masoquismo refinado o de una soberbia, tan insuperable, que se aleja de la realidad.
La derrota del boxeador sobre la lona tiene el perfume épico de la valentía individual y responsable y, cuando el........